La Iglesia Católica está atravesando por una “grave crisis”, dice el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Divino Oficio.

Por Pete Baklinski. LifeSiteNews.

La Iglesia Católica está atravesando por una “grave crisis”, dice el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Divino Oficio. Y el problema se compone del hecho de que un “número significativo de líderes de la Iglesia subestiman” precisamente qué tan grave es la crisis.

La crisis consiste en “relativismo en la enseñanza doctrinal, moral y disciplinaria, abusos graves, la desacralización y trivialización de la Liturgia Sagrada, una visión meramente social y horizontal de la misión de la Iglesia”, escribió el Cardenal en un discurso a la Conferencia alemana a finales de marzo de este año sobre la sagrada liturgia.

La conferencia marcó el décimo aniversario del motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI. El edicto, emitido el 7 de julio de 2007, dejó en claro el derecho de los sacerdotes para celebrar la Misa Tradicional en Latín sin tener que pedir permiso de su obispo.

Basando su explicación de la crisis del viejo adagio latino lex orandi, lex credendi (como uno reza es como uno cree) el Cardenal dijo que incluso la falta de una comprensión básica de las verdades de fe, inclusive entre sacerdotes como en obispos, se remonta al estado empobrecido de la liturgia católica.

“La grave crisis de fe, no sólo a nivel de los fieles cristianos sino también y de manera especial entre sacerdotes y obispos, nos ha hecho incapaces de comprender la liturgia Eucarística como sacrificio, idéntico al acto hecho una vez y por todos por Jesucristo, haciendo presente el Sacrificio de la Cruz, de manera no sangrienta, a través de la Iglesia, a través de diferentes épocas, lugares, personas y naciones”, dijo.

“Existe a menudo una tendencia sacrílega a reducir la Santa Misa a un simple comida de convivencia, la celebración de un banquete profano, la celebración de la comunidad en sí misma, o incluso peor, una desviación terrible a partir de la angustia de una vida que ya no tiene sentido o a partir del temor de encontrarse con Dios cara a cara, ya que Su mirada nos devela y obliga a mirar real y resueltamente la fealdad de nuestra vida interior. Sin embargo la Santa Misa no es una desviación. Es el sacrificio vivo de Cristo quien murió en la cruz para liberarnos del pecado y de la muerte, con el fin de revelar el amor y la gloria de Dios Padre”, añadió.

Mientras que la Iglesia Católica enseña que la Eucaristía es “la fuente y cumbre de la vida cristiana”, estudios han mostrado que al menos 50 por ciento de católicos en América no conocen aquella enseñanza de la Iglesia de que Jesús está presente verdaderamente en “cuerpo, sangre, alma y divinidad” en el pan y el vino consagrados.

El Cardenal señala el caso de que la falta de creencia en la realidad de la Eucaristía se debe a errores que se han infiltrado en la oración más importante de la Iglesia, la liturgia.

“Es necesario reconocer que una crisis grave y profunda, la cual ha afectado la liturgia y la Iglesia misma a partir del Concilio, se debe al hecho de que su centro ya no es Dios ni su adoración, sino más bien los hombres y su supuesta habilidad para ‘hacer’ algo para mantenerlos ocupados durante las celebraciones Eucarísticas”, dijo.

Así, con la Iglesia sin hacer énfasis en Dios como su centro en la liturgia, la Iglesia ha comenzado a “autodestruirse”, dijo, alejándose en muchas ocasiones, con el consentimiento de hombres de Iglesia de alto nivel, de su misión y su fin que es el de salvar almas.

“Muchos se niegan a encarar el proceso de autodestrucción de la Iglesia mediante la demolición de sus cimientos doctrinales, litúrgicos, morales y pastorales”, dijo.

“Mientras la voz de cada vez más y más prelados de alto nivel afirman de manera obstinada evidentes errores doctrinales, morales y litúrgicos que han sido condenados cientos de veces, y que trabajan en demoler la poca fe que queda en el pueblo de Dios, mientras que la barca de la Iglesia surca el mar tormentoso de este mundo en decadencia y las olas se estrellan contra la nave, de tal modo que ya empieza a llenarse de agua, un número creciente de líderes y fieles de la Iglesia gritan: ‘Tout va très bien, Madame la Marquise!’ Pero la realidad es bastante diferente”, añadió.

Tout va très bien, Madame la Marquise (Todo está bien, mi bella dama [traducción del título en inglés]) es el refrán de una canción popular de los años 30 del siglo pasado en el que el empleado de una mujer de la nobleza le reporta que “todo está bien” en la finca excepto por “una pequeña cosa”. Conforme continúa la canción, la mujer se entera de que esa “pequeña cosa” resultó en la pérdida de su marido, su hogar, y toda su fortuna.

El Cardenal Sarah dijo que el camino a seguir a partir de la crisis actual que enfrenta la Iglesia es el descubrir nuevamente la realidad sagrada de la liturgia, en todo su misterio y gloria sagrados. A evitarse a toda costa el “desastre, la devastación y el cisma que los promotores modernos de una liturgia viva causaron al remodelar la liturgia de la Iglesia de acuerdo a sus ideas” como consecuencia del Concilio Vaticano II.

La liturgia que pidieron los Padres del Concilio Vaticano II han tiene que llevarse a cabo completamente, declaró el Cardenal.

“Ahora, basta con tomar de nuevo la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia y leerla de manera honesta, sin traicionar su significado, para ver que el verdadero propósito del Concilio Vaticano Segundo no era el de iniciar una reforma que pudiera ser ocasión de rompimiento con la Tradición, sino muy al contrario, redescubrir y confirmar la Tradición en su significado más profundo”, dijo.

“Debe reafirmarse que el concilio Vaticano II nunca pidió hacer una tabula rasa[1] (pizarra en blanco) del pasado y en consecuencia abandonar el Misal de San Pío V”, añadió.

El Cardenal dijo que el Papa Benedicto mostró el camino hacia el redescubrimiento de la liturgia auténtica al abrir la puerta a la forma “extraordinaria” de la misa, la cual espera que ayude a “enriquecer” la forma ordinaria de la misa.

Siguiendo el ejemplo del Papa Benedicto, Sarah dijo que le gustaría ver el relanzamiento de un “movimiento litúrgico”. No uno que esté basado en los “desvaríos de algunos teólogos que anhelan ‘novedades’, sino uno basado en una disposición hacia la “formación de adoración en silencio”.

Sin el sacro silencio, dijo, “no podemos encontrar a Dios”. En adoración, añadió, uno resulta “absorbido en Dios y rodeado por todos lados de Su presencia”. La adoración ayuda a desear “pertenecer ahora sólo a Dios y zambullirse en la pureza de Su Amor”. Finalmente, ,dijo, una adecuada formación litúrgica es necesaria “basada en una proclamación de fe” y en el “misterio profundo de Dios nuestro amoroso Padre”.

[Traducción de Dominus EstArtículo original]

Categories: Iglesia

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