Un cardenal como pocos, uno de los cuatro de las dubias, uno que amó más la Verdad que a sí mismo.

Una lamentable noticia nos ha llegado hoy, el Cardenal Carlo Caffarra, arzobispo emérito de Bolonia, ha fallecido. El deceso ha llegado repentinamente esta mañana. No hace mucho había cumplido 79 años el pasado primero de junio. Supo guiar con diligencia de pastor la Iglesia de Bolonia por doce años, del 2003 al 27 de octubre de 2015. Siendo experto en familia y matrimonio, había recibido de Juan Pablo II en enero de 1982 el mandato para formar y presidir el Pontificio Instituto ‘Juan Pablo II’ para Estudios sobre Matrimonio y Familia. Creado Cardenal por Benedicto XVI en el 2006, participó en el Cónclave que eligió a papa Francisco en marzo de 2013. Junto a los Cardenales Walter Brandmüller, Raymond L. Burke y Joachim Meisner (ya fallecido), fue uno de los que firmó los dubia pidiendo aclaraciones al papa Francisco sobre algunos puntos de la exhortación apostólica Amoris Laetitia.

Conocida era su gran humildad y su trato agradable, una figura paterna que se consumía en el amor por la Iglesia y por Cristo, consuelo y guía segura para muchos. A pesar de saberse enfermo seguía asumiendo muchas obligaciones en su pequeño departamento, ubicado en un edificio adyacente al Seminario mayor de Bolonia, recibía a quien sea que lo buscara para un consejo, para una confesión, para cualquier necesidad. Así, parecía que hubiese intensificado esta relación personal con la gente común, consolando, guiando, reforzando la fe de cualquiera que lo encontrara.

Todos estos sufrimientos,con seguridad, no eran tan dolorosos como los ataques que se veía obligado a sufrir a causa de sus intervenciones en defensa de la enseñanza de la Iglesia, del matrimonio y de la Eucaristía amenazados por las bien conocidas derivas teológicas y pastorales que han acompañado a los Sínodos sobre la familia. Y sí, el Cardenal Caffarra de hecho no era alguien que tendiera barricadas, no gustaba de lanzarse en polémicas aunque fueran sacrosantas o empuñar la lanza para dar la batalla. Frente a las preguntas levantadas por Amoris Laetitia, estaba adolorido por el silencio de tantos obispos que preferían quedarse tranquilos en lugar de seguir la verdad. Una cosa sobre todo lo había hecho dolerse: cuando la pluma de algunos vaticanistas católicos, escribiendo para periodistas laicistas, lo había definido como “enemigo” del Papa, hostil. Una enormidad, la más grave e infame de las acusaciones, para alguien como él, como cardenal, sentía toda la responsabilidad de defender al Papa hasta la efusión de la sangre. Pero sabía que también éste era el precio a pagar por la fidelidad a la Iglesia de Cristo, en un momento histórico así de complicado.

Desde acá, agradecemos a Dios por el don de un cardenal sin miedo a cumplir con el mandato de nuestro Señor y amar la Verdad más que a sí mismo.

Categories: Iglesia Mundo

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