Canadá sigue avanzando hacia la perdición moral. Ya no le basta con la imposición de la funesta ideología de género sino que ahora se habla de la ablación femenina como “bien médico”. Isiff Hussein, el autor del artículo que la defiende, considera que tiene “numerosos beneficios médicos” además de ser recomendación de Mahoma.

Isiff Hussein aboga por la supresión de las primeras capas de piel de los genitales femeninos ya que no lo considera ablación si no “circuncisión”, por lo que evita con esta torsión lingüística posibles penas legales. La circuncisión femenina implica extirpar quirúrgicamente una parte o todo el clítoris de la mujer. La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica esta práctica como Mutilación Genital Femenina -FGM en sus siglas en inglés-.

La mutilación, según la OMS, no tiene ningún beneficio médico demostrable y argumenta que “refleja una diferencia entre los géneros profundamente arraigada y constituye una forma de extrema discriminación en contra de las mujeres”. La creencia es que protege a las niñas del sexo premarital ya que, suponen, disminuye el deseo sexual. La ablación se considera un símbolo de control sobre la mujer, su lógica: si se logra eliminar la fuente de placer sexual femenina, se logrará eliminar la promiscuidad femenina.

La ONU tiene como objetivo eliminar la ablación del clítoris para el año 2030. Más de 200 millones de mujeres la han sufrido, según la OMS, y se prevé que 30 millones más podrían hacerlo en la próxima década, según la Cruz Roja Española.

El estatus jurídico de la ablación

Esta operación quirúrgica está prohibida en Canadá para menores de 18 años o sin prescripción médica. A pesar de ello, su práctica es cada vez más extendida, no solo en Canadá, sino en todo en Occidente como consecuencia de la llegada cada vez mayor de inmigrantes originarios de estos países donde se practica de manera habitual.  En el Reino Unido se estima que solo en 2016 se dieron 5.000 casos de este tipo, pero ninguno ha sido perseguido legalmente. El Servicio Nacional de Salud (NHS por sus siglas en inglés) informa de que en Gran Bretaña se dan nuevos casos cada hora.

En Estados Unidos, en abril fueron juzgados por primera vez tres personas por esta práctica en Michigan. En Alemania, el caso más preocupante de Europa tras la política de puertas abiertas de Angela Merkel, ha contabilizado cerca de 47.000 ablaciones según un informe del Ministerio de Familia recogido por el semanario político Der Spiegel. Entre el 2014 y el 2016 el incremento ha sido del 30%. Francia, en cambio, es un ejemplo de lo contrario. Desde el año 1983 está prohibida esta práctica y está perseguida con diez años de cárcel, 150.000 euros de multa y la prohibición de habitar en territorio francés durante 5 años. Pese a la dureza de las sanciones, 50.000 mujeres en suelo galo la han sufrido según estimaciones del Instituto Nacional de Estudios Demográficos (Ined).

La Iglesia Católica y la educación sexual

Al tratar el tema de la educación sexual, inmediatamente nos encontramos con una primera dificultad: la del uso que se le da al término “educación sexual”. Para las organizaciones antivida, enseñar educación sexual significa darle a la juventud una información sexual explícita y desprovista de valores morales, con un lenguaje y una metodología que no respetan la modestia natural de los niños ni la autoridad de sus padres. A esta educación sexual le podemos llamar “educación sexual hedonista”, para distinguirla de una positiva y prudente educación sexual, que los padres, en el momento oportuno, deben darle a sus hijos.

Para nosotros los católicos enseñar educación sexual significa formar los valores inherentes a la sexualidad humana, que son la procreación y la expresión del amor conyugal siempre guiado por la virtud cristiana de la castidad. En la encíclica “Divini illius magistri” sobre la educación cristiana de la juventud, el Papa Pío XI les reserva a los padres la delicada tarea de una prudente educación sexual, en la cual se incluya una respetuosa referencia a las partes íntimas del cuerpo humano: “En este delicadísimo asunto, si, atendidas todas las circunstancias, se hace necesaria alguna instrucción individual, en tiempo oportuno, dada por quien ha recibido de Dios la misión educativa y la gracia de estado, hay que observar todas las cautelas, sabidísimas en la educación cristiana tradicional.” En la frase “quien ha recibido de Dios la misión educativa y la gracia de estado”, el Papa Pío XI se refiere a los padres. Esto se corrobora por lo que él mismo dice a continuación: “Importa…sumamente, que el buen padre, mientras hable con su hijo de materia tan lúbrica, esté muy sobre aviso, y no descienda a particularidades y a los diversos modos con que esta hidra infernal [es decir, el vicio de la lujuria], envenena tan gran parte del mundo a fin de que no suceda que en vez de apagar este fuego, lo excite y lo reactive imprudentemente en el pecho del sencillo y tierno niño.”

Obsérvese además que esta prudente educación sexual, dada por los padres, que incluye una respetuosa mención de los órganos o funciones sexuales, debe ser impartida, dice esta encíclica, de modo “individual y en tiempo oportuno”. El contexto de una clase, por lo tanto, no es el ámbito adecuado para tan delicada materia, que por su intimidad y fragilidad, debe ser reservada a la familia, debido a que la relación entre padres e hijos, constituye, por designio de Dios, el único ámbito moral y sociológicamente adecuado para tan delicada formación. Los padres son los que mejor conocen las necesidades personales de sus hijos, así como el modo y momento adecuados para responder a sus preguntas o adelantarse a las situaciones, sin ir más allá de lo necesario, según la edad y comprensión del niño.

Como se puede observar el cristianismo siempre ha mantenido una enseñanza equilibrada respecto a estos temas, acorde a la ley natural y a la voluntad de Dios, muy distinto del islam.

Categories: Mundo

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