Explicación del  P. Tomas Agustín Beroch. 09 de Septiembre de 2017.

En cuanto a la sangre, Jesús tenía sangre de Abraham. En cuanto a la parte espiritual, ni Él ni la Virgen María tenían el pecado original, y por lo tanto ni Él ni la Virgen María son judíos ni paganos, sino que con el Mesías se inaugura la nueva y eterna Alianza, donde como dice San Pablo:

“No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús”. (Gal 3, 28).

Así como Abraham fue el primero de los judíos, siendo antes un habitante de Ur de los Caldeos, la alianza que Abraham haría con Dios era en orden a recibir al Mesías. Con el Mesías comenzaba la nueva y eterna alianza. Por lo tanto, así como Abraham fue el primer judío de la historia, Cristo asume la naturaleza humana del pueblo judío pero sin el pecado original (y esto es muy importante, no es algo menor).

Al no asumir el pecado original, no asume la condición más importante del pueblo judío y de los paganos, que es la condición de pecador, lo mismo la Virgen. Por lo tanto, en el sentido espiritual, Cristo no es ni judío ni pagano, porque no asume la culpa del pueblo judío ni de los paganos, sino que es quien inaugura la nueva y eterna alianza. Uno todavía podrá objetar: “si, pero su sangre material es judía y pagana”. Esto es verdad. Pero Santo Tomás de Aquino contestaría:

“Lo espiritual prima por sobre lo material”.

La sangre es material, la santidad original (por nacimiento) de Cristo es espiritual. Por lo tanto, en Cristo también prima lo espiritual por sobre lo material, y en el sentido espiritual Cristo no es judío ni pagano, sino que inaugura la nueva y eterna alianza. Los judíos no reconocieron al Mesías, al igual que los paganos que no se convirtieron. Por eso, ellos no forman parte de la Nueva y Eterna Alianza inaugurada por Cristo, a menos que se conviertan.

P. Tomas Agustín Beroch

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Categories: Iglesia

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