San Blas, Obispo y Mártir

Las listas de los martirologios de Europa del siglo XIX, los cuales son acompañados de noticias históricas, asignan al 15 de Febrero el nombre de San Blas, Obispo de Sebaste y mártir. El santoral griego lo menciona el 11 de Febrero. En la recensión más antigua conocida del llamado martirologio de San Jerónimo, el nombre de San Blas no aparece; solo es mencionado en los posteriores y ampliados catálogos. Las noticias históricas que le conciernen en los martirologios y santorales mencionados arriba descansan en actas legendarias. Todas las afirmaciones concuerdan en que San Blas fue obispo de Sebaste, en Armenia, y la mayoría de los relatos sitúan su martirio en el reinado de Licinius (sobre el 316). Como estos datos pueden descansar en viejas tradiciones que están relacionadas con la veneración del santo en la liturgia de la Iglesia, no deben ser absolutamente rechazados.

Quizás puede ser asumido que San Blas fue obispo y que sufrió el martirio al comienzo del siglo cuarto. Todas las particularidades sobre su vida y martirio que se encuentran en las Actas son puramente legendarias y no tienen valor histórico. Hay además varias recensiones del texto de las Actas. De acuerdo con la leyenda, Blas era médico en Sebaste antes de que subiera a la sede episcopal. Durante la persecución de Licinius fue hecho prisionero por orden del gobernador, Agricolaus. Los enviados por el gobernador para detenerlo lo encontraron en el campo, en una cueva a la que se había retirado, y mientras estaba en prisión realizó la maravillosa curación de un muchacho que tenía una espina en la garganta y estaba en peligro de muerte. Después de sufrir varias formas de tortura San Blas fue degollado; las Actas relatan también el martirio de siete mujeres.

La veneración al santo oriental fue traída pronto a Europa, como muestran los relatos de los martirologios históricos del siglo diecinueve, y la recensión en latín de la leyenda de San Blas; de esta forma Blas llegó a ser uno de los santos más populares de la Edad Media. Actualmente la razón de esa inusual veneración no ha sido aclarada todavía. Lo más probable es que un motivo fuese que, según la leyenda, fue médico y se le atribuyeron curaciones maravillosas; por ello los fieles buscaron su ayuda e intercesión cuando estaban enfermos. Se le dedicaron iglesias y altares sin número y muchas localidades (Taranto, Ragusa, la Abadía de San Blas en el Bosque Negro, etc.) decían tener algunas de sus reliquias. Fue también uno de los catorce Santos Mártires.

En muchos lugares, en el día de su fiesta, se daba la bendición de San Blas: se consagraban dos antorchas, generalmente por una oración, y luego eran mantenidas en forma de cruz por un sacerdote sobre las cabezas de los fieles, o eran tocados en la garganta con ellas. En otro lugares se consagraba aceite, en el cual se sumergía una pequeña mecha ardiendo, y se tocaban las gargantas de los presentes con ella. Al mismo tiempo se daba la siguiente bendición: “Per intercessionem S. Blasii liberet te Deus a malo gutteris et a quovis alio malo” (Por intercesión de San Blas te preserve Dios del mal de garganta y de cualquier otro mal). En algunas diócesis se añadía: “in nomine Patris et Filii et Spiritus” y el sacerdote hacía la señal de la cruz sobre el fiel. En la Iglesia Latina su fiesta cae en el 3 de Febrero, en las Iglesias Orientales en el 11 de Febrero. Se le representa sosteniendo dos antorchas cruzadas en su mano (la bendición de San Blas), o en una cueva rodeado de bestias salvajes, como fue encontrado por los enviados del gobernador.

J.P. KIRSCH

Transcrito por Janet Grayson

Traducido al español por Antonio Ramírez Climent

Artículo original de Enciclopedia Católica

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