Hoy en día se suele opinar mucho del tradicionalismo, y como muchas otras palabras ha pasado a ser sinónimo de desobediencia, cisma, rigidez, etc. Sin embargo no es esto lo preocupante, lo verdaderamente alarmante es ver cómo cada vez más crece el número de aquellos que se hacen llamar tradicionalistas sin saber lo que en verdad significa esta palabra. Es por eso que en este breve artículo trataremos de aclarar este embrollo preguntándonos qué es en sí mismo el tradicionalismo, cuál es su naturaleza, qué es lo esencial y qué lo circunstancial, tal como enseña Marco Aurelio en sus Meditaciones en el que indica que la búsqueda de los primeros principios se da mediante la simplicidad como principio fundamental ya que la complejidad aparta del propósito.

Tradición

Como bien sabemos la palabra tradición proviene del término latino traditio – onis, lo bonito de la palabra tradición en español es que conserva su concepto originario, esto ya es una gran ayuda al momento de entender lo que es el tradicionalismo; en el diccionario vamos a encontrar que tradición es la transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación, de padres a hijos. En materia religiosa podemos ver que es cada una de las enseñanzas o doctrinas transmitidas oralmente o por escrito desde los tiempos antiguos, o el conjunto de ellas. Es evidente que no es una palabra exclusiva de la religión, menos de la Religión Católica, sin embargo, como muchas otras, nuestra Santa Madre Iglesia no hizo más que tomar de los siglos aquello que había preparado Dios para ella, porque Dios es Señor de todo. Así entonces la palabra tradición empezó a formar parte del discurso cotidiano de la Iglesia.

Tradicional

Atendiendo a nuestra hermosa gramática, el sufijo al expresa pertenencia o abundancia en adjetivos o sustantivos. En este caso, tradicional es lo perteneciente o relativo a la tradición, o sea, lo que se transmite por medio de esta. De allí que hablemos de “prácticas tradicionales”, “ritos tradicionales”, “costumbres tradicionales”, porque lo tradicional es aquello que se perpetúa de generación en generación. Podríamos decir entonces que la tradición es ese transmitir mientras que lo tradicional es lo transmitido.

En Lima – Perú, como en muchas otras ciudades y países, se ha impregnado esa denigrante moda del perreo, pegó con fuerza en la gran mayoría de jóvenes por varios años, incluso hoy podemos verlo en algunas personas ya no tan jóvenes. Esta práctica, por ejemplo, no podría llamarse tradicional de Lima, ya que no se perpetúa de generación en generación, por más extendido y arraigado que esté en medio de una sociedad no constituye más que una moda, ahora bien ¿Lo tradicional podría estar de moda? Claro que sí, pero lo tradicional jamás podría reducirse a moda como a veces suelen pensar aquellos que reducen lo tradicional a la moda de hace varios siglos.

Tradicionalismo

Continuando con los sufijos, vayamos con los ismos. En sustantivos abstractos  señalan “sistema” o “doctrina”. Es curioso encontrar en nuestro diccionario que la primera definición de tradicionalismo versa de la siguiente manera: “Doctrina filosófica y política que toma a la tradición católica como criterio y fuente de la verdad.” Esto justamente porque, aunque no es una palabra propia del bagaje religioso, con la aparición de corrientes revolucionarias que contrariaban el orden social cristiano, la Cristiandad, se optó por tomar una postura defensiva. Por lógica podemos deducir que no hay necesidad de defender algo si no hubiera peligro de un posible ataque, de allí se entiende que en momentos de paz no hubo necesidad de usar de forma habitual la palabra tradicionalismo en la vida católica, sino que esta salió a relucir en tiempos de ataque hacia lo tradicionalmente católico.

Llegado a este punto es necesario señalar que hasta el momento no estamos hablando de la Tradición con mayúscula, que es la palabra de Dios no escrita, sino comunicada de viva voz por Jesucristo y por los Apóstoles, transmitida sin alteración de siglo en siglo por medio de la Iglesia hasta nosotros[1]. Estamos entonces hablando de la tradición con minúscula. Aunque en sentido general sigue la misma lógica ya que las enseñanzas de la Sagrada Tradición se han transmitido de generación en generación principalmente en los decretos de los Concilios, en los escritos de los Santos Padres, en los documentos de la Santa Sede y en las palabras y usos de la sagrada Liturgia. Sin embargo, a diferencia de la tradición con minúscula, a la Sagrada Tradición hemos de tener el mismo respeto que a la palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura.

Sobre la cristiandad

Ya es demasiado conocido que la llamada Edad Media es una época muy insultada por los enemigos de la fe que la presentan oscurantista cuando en realidad fue un periodo lleno de luz en cada aspecto del saber humano, y aquí ya estamos hablando del orden temporal. Una de las grandes taras del católico de hoy es haberse tragado, sin darse cuenta, el laicismo liberal, y pensar que el cristianismo está completamente desvinculado de cualquier cosa que no sea su propia conciencia, algunos incluso han reducido el cristianismo a una determinada espiritualidad que para malograrla más está infestada de modernismo. Han mutilado al cristianismo y se han olvidado de la Cristiandad que, según Elías de Tejada, fue organicismo social, visión cristiana y limitada del poder, unidad de fe católica, poderes templados, cruzadas misioneras, concepción del hombre como ser concreto, parlamentos o cortes representativas de la realidad social entendida como corpus mysticum, sistemas legales o “forales” de libertades concretas. Todo como un despliegue de tradiciones impregnadas de catolicismo que a su vez marcaban el futuro de la civilización occidental. Sobre esto leer el artículo en el que se expone por qué Cristo es Rey de todo, también del orden temporal.

Esta cristiandad no ha tenido una fecha de nacimiento sino que se ha ido construyendo poco a poco en la medida que el cristianismo iba conquistándolo todo para Cristo, aunque ciertamente hubieron acontecimientos históricos resaltantes. Estudiar este despliegue de lo tradicional en la Cristiandad a lo largo de los siglos es como contemplar el florecimiento de una hermosa rosa, lamentablemente esta rosa fue cortada cuando aún estaba en botón, estamos hablando de la primera gran revolución, la pseudo-reforma que instauró por primera vez el liberalismo religioso y el igualitarismo eclesiástico. Más tarde aparece la revolución francesa que triunfó en el campo religioso con el ateísmo laicista y en el campo político contra toda autoridad civil católica. Más cercano a nuestros días aparece la revolución comunista traspasando todo lo anterior al campo económico, hoy vemos cómo la revolución cultural destroza con estas máximas el mismo orden natural. Esta vorágine revolucionaria y decadente no ha hecho más que invertir el orden establecido en la cristiandad de forma paulatina. Si algo de belleza se puede lograr ver después de que estas aparecieron no es otra cosa que la agonía de aquella flor que, cortada en botón, sigue floreciendo pero para morir.

Todo el corpus doctrinal que se fue gestando después de que el emperador Teodosio promulgara en 380 el Edicto de Tesalónica se va constituyendo como una doctrina cristológica que ha llegado hasta nuestros días. Doctrina que superando la caída del imperio de occidente conquista a los pueblos bárbaros de Europa volviendo a surgir con fuerza la Cristiandad, un orden social cristiano. Entre los grandes logros de esta podemos destacar el concepto de persona, la escolástica misma, actividades artísticas y culturales, el renacimiento del visigótico, la escuela de Salamanca, órdenes contemplativas que continuaron con la labor civilizadora católica, intelectuales como Santo Tomás de Aquino, reinos ejemplares, San Fernando III de Castilla y León, San Luis IX de Francia o los tan conocidos y admirados Reyes Católicos. Todo esto y muchísimo más no fue inventado de la nada, como ya hemos dicho antes fue un despliegue a la tradición católica conquistadora del orden temporal y creadora del orden social cristiano.

Ciertamente la revolución de Lutero tampoco empezó de la nada, heredó las doctrinas condenadas por la Iglesia de filósofos y teólogos como Guillermo de Ockam, Wicliffe, Jan Hus, etc., añádase a esto el relajamiento de las costumbres por parte de la jerarquía católica, panorama muy similar en todas las revoluciones, un ataque al catolicismo con la guardia baja. Así entonces muere la Cristiandad para dar paso al concepto moderno de Europa.

Continuidad militante en el tradicionalismo católico

Podemos señalar a Lutero como padre del modernismo, Maquiavelo como el que separa la política de la ética; Bodino, que con la soberanía  suprime la autonomía de la multiplicidad de cuerpos sociales; Hobbes, que vacía de sustancia comunitaria la vida sociopolítica con el mecanicismo del contrato social. Todo esto desemboca en la famosa Paz de Westfalia, donde se pone fin a los conflictos en los que la monarquía hispánica queda derrotada en su deseo del mantenimiento del viejo orden de la cristiandad. Esa cristiandad mayor que es la medieval queda derrotada en 1648 y queda reducida a lo que Elías de Tejada llamaba la christianitas minor y ésta es la monarquía hispánica. Al quedar desmedulada la christianitas minor por la revolución liberal, todo aquel que se proclame cultor y custodio de la vieja cristiandad se sitúa en un elemento de continuidad militante, ya que al conservar todo lo tradicionalmente católico (que como hemos dicho no solo es de orden espiritual sino también de orden temporal), no hace más que defenderlo de cualquier amenaza revolucionaria, convirtiéndose así en un tradicionalista, y no de cualquier tradicionalismo sino del tradicionalismo católico.

El tradicionalismo católico frente al falso tradicionalismo

Hay un buen grupo de personas que se hacen llamar tradicionalistas por conservar algunas costumbres o estilos, pero lo hacen por mero amor a las formas antiguas, en algunos casos incluso solo es gusto meramente estético, pero como hemos visto, eso no es sano y vivo tradicionalismo, porque el tradicionalismo defiende y ama la doctrina que los engendró no solo las formas, eso a lo mucho sería un pobre arqueologismo.

Es propio del modernismo, condenado por san Pio X como la cloaca por la que desembocan todas las herejías, adorar el futuro y odiar el pasado, de ella han nacido todos los mitos contra el tradicionalismo mediante una poderosa propaganda desprestigiadora. Así es como ha logrado infiltrar en el corazón de muchos católicos su odio hacia todo un legado de instituciones, doctrinas, costumbres, modos de ver, sentir y pensar cristianos que recibimos de nuestros mayores y que aún no están completamente abolidos.[2] Frente a esto, la característica que más resalta del tradicionalismo católico es la defensa de las tradiciones cristianas discerniéndolas de entre las costumbres e instituciones revolucionarias que se han infiltrado en el corazón de la sociedad. Justamente por esto es que mientras más revolucionario sea el corazón de un católico más va a odiar sus propias tradiciones, mientras menos afectado esté por la Revolución más fácil le resultará abrazar lo tradicionalmente católico. Por eso León XIII en las palabras iniciales de Rerum Novarum rechaza esa acción revolucionaria inspirada por la manía de novedades contraponiéndola con la viva tradición católica. No puede haber buen católico que no sea defensor de las buenas tradiciones profundamente cristianas. Véase aquí el profundo y tierno amor analogable al amor con que un hijo abraza la foto de su madre que no ve hace tiempo, sería ilógico pensar en que sabiendo que la puede ver más adelante rompe sin más ese retrato, eso no sería humano, mucho menos cristiano.

En este contexto es que podemos entender las palabras del Papa San Pio X cuando, en su carta apostólica Notre Charge apostolique, del 25 de agosto de 1910 decía: “Que estos sacerdotes [que están al frente de las obras de acción católica] no se dejen extraviar, en el dédalo de las opiniones contemporáneas, por el espejismo de una democracia falsa; que no tomen de la retórica de los peores enemigos de la Iglesia y del pueblo un lenguaje enfático lleno de promesas tan sonoras como irrealizables.

Que estén convencidos de que la cuestión social y la ciencia social no nacieron ayer; que en todos los tiempos la Iglesia y el Estado, felizmente concertados, han suscitado con este fin organizaciones fecundas; que la Iglesia, que nunca ha traicionado la felicidad del pueblo con alianzas comprometedoras, no tiene que separarse del pasado, y que le basta reanudar, con la colaboración de los verdaderos obreros de la restauración social, los organismos rotos por la Revolución y adaptarlos, con el mismo espíritu cristiano que los ha inspirado, al nuevo medio creado por la evolución material de la sociedad contemporánea, porque los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas.”

Está de más, pues, decir que el tradicionalismo católico no representa ningún tipo de extremismo anticristiano, todo lo contrario, es sinónimo de fidelidad al catolicismo. No se va a encontrar en ningún Papa que haya aplaudido al tradicionalismo católico otra radicalidad que no sea la que exija nuestro Señor en el Evangelio, todos los Papas que han hablado de este tradicionalismo no han hecho más que describirlo como característica propia del catolicismo ¿Es que acaso se podría pensar en un catolicismo que no sea tradicionalista? Imposible. Es de tontos creerse el cuento modernista que tacha al tradicionalismo como sinónimo de sedevacantismo o que nace a partir de las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II, basta ver las fechas en que los Papas han hablado del tradicionalismo católico para darse cuenta de la mentira. De allí que es lamentable ver cómo los mismos católicos que se hacen llamar tradicionalistas no sepan hablar de otra cosa que no sea la Santa Misa Tradicional (llamada Misa Tridentina), como si el tradicionalismo católico se centrara o redujera al ámbito litúrgico, no se dan cuenta de que le están siguiendo el juego a la propaganda modernista. No señores, el tradicionalismo católico verdadero gira en torno a la Civilización Cristiana que, como dice el Papa San Pio X, “no se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad: omnia instaurare in Christo

[1] Catecismo de San Pio X

[2] Cfr. Revolución y Contra-Revolución, Plinio Correa de Oliveira

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