Según el calendario tradicional, hoy 3 de septiembre, la Iglesia celebra a uno de los más grandes Papas de los últimos tiempos, si no el más grande: San Pío X.

Familia y vocación sacerdotal

Nació en medio de una modesta familia rural en Riese, provincia de Treviso, en Venecia, un 2 de junio de 1835 y bautizado con el nombre de Giuseppe Melchiorre Sarto. Su humilde origen no impidió que se formase con la más alta y elevada comprensión de la naturaleza y misión de la Iglesia, a la que entregó su vida por completo. Sus padres fueron Giovanni Battista Sarto y Margarita Sanson. Su padre fue un humilde cartero que lamentablemente murió en 1852; su madre, sin embargo, vivió para ver a su hijo como Cardenal. Recibió de Don Tito Fusarini, arcipreste de su pueblo, clases privadas de latín, para luego estudiar durante cuatro años en el gimnasio de Castelfranco Veneto, haciendo una larga caminata todos los días. En 1850 recibió la tonsura de manos del Obispo de Treviso y obtuvo una beca de la Diócesis de Treviso para estudiar en el seminario de Padua, donde terminó sus estudios filosóficos, teológicos y de los clásicos con honores. Fue ordenado sacerdote en 1858 y ejerció el cargo de capellán de Tómbolo durante nueve años. Buscó siempre perfeccionarse en el conocimiento de la teología a través de Santo Tomás de Aquino y el derecho canónico; su apetito intelectual y preocupación por las almas le llevó a establecer una escuela nocturna para la educación de los adultos. En 1867 fue nombrado arcipreste de Salzano, un importante municipio de la Diócesis de Treviso, en donde restauró la iglesia y ayudó a la ampliación y mantenimiento del hospital con sus propios medios, esto en congruencia con la verdadera generosidad hacia los pobres ya que iba acompañada de una rigurosa enseñanza de la doctrina católica. En 1875 creó un reglamento para la catedral de Treviso; ocupó varios cargos, entre ellos, el de director espiritual y rector del seminario, examinador del clero y vicario general; más aún, hizo posible que los estudiantes de escuelas públicas recibieran instrucción religiosa. En 1878, a la muerte del Obispo Zanelli, fue elegido vicario capitular.

Obispo de Mantua

Imagen relacionadaEl 10 de Noviembre de 1884 fue nombrado Obispo y consagrado el 20 de Noviembre, Mantua era una sede muy problemática en aquel entonces. Tuvo como principal preocupación en su nuevo cargo la formación del clero en el seminario, donde, por varios años, enseñó teología dogmática y, durante un año, teología moral. Deseaba seguir el método y la teología de Santo Tomás, y a muchos de los estudiantes más pobres les regaló copias de la “Summa Theologica”; a la vez, cultivó el Canto Gregoriano en compañía de los seminaristas. La administración temporal de la sede le impuso grandes sacrificios. En 1887 celebró un sínodo diocesano. Mediante su asistencia en el confesionario, dio ejemplo de celo pastoral. La Organización Católica de Italia, conocida entonces como la “Opera dei Congressi”, encontró en él a un celoso propagandista desde su ministerio en Salzano.

Cardenal de la Santa Iglesia Católica y Patriarca de Venecia

Imagen relacionadaLeón XIII lo creó Cardenal en el consistorio secreto celebrado en Junio de 1893 con el título de San Bernardo de las Termas; y en el consistorio público, tres días más tarde, fue preconizado Patriarca de Venecia, conservando mientras tanto el título de Administrador Apostólico de Mantua. El Cardenal Sarto fue obligado a esperar dieciocho meses, antes de tomar posesión de su nueva diócesis, debido a que el gobierno italiano se negaba a otorgar el exequatur, reclamando que el derecho de nominación había sido ejercido por el Emperador de Austria. Este asunto fue tratado con amargura en periódicos y panfletos; el Gobierno, a manera de represalia, rehusó extender el exequatur a los otros obispos que fueron nombrados durante este tiempo, por lo que el número de sedes vacantes creció a treinta. Finalmente, el ministro Crispi, habiendo regresado al poder, y la Santa Sede, habiendo elevado la misión de Eritrea a la categoría de Prefectura Apostólica en atención a los Capuchinos Italianos, motivaron al Gobierno a retractarse de su posición original. Esta oposición no fue causada por ninguna objeción contra la persona de Sarto. En Venecia el cardenal encontró un estado de cosas mucho mejor que el que había hallado en Mantua. También allí puso gran atención en el seminario, donde logró establecer la facultad de derecho canónico. En 1898 celebró el sínodo diocesano. Promovió el uso del Canto Gregoriano y fue gran benefactor de Lorenzo Perosi; favoreció el trabajo social, especialmente los bancos en las parroquias rurales; se dio cuenta de los peligros que entrañaban ciertas doctrinas y conductas de algunos Cristiano-Demócratas y se opuso enérgicamente a ellas. El Congreso Eucarístico Internacional de 1897, en el centenario de San Gerardo Sagredo (1900), la bendición de la primera piedra del nuevo campanario de San Marcos y la capilla conmemorativa en el Monte Grappa (1901) fueron eventos que dejaron una profunda impresión en él y en su gente.

Sucesor de San Pedro Papa Pio X, “Instaurare omnia in Christo”

Imagen relacionadaA la muerte de León XIII, los cardenales se reunieron en cónclave y, después de varias votaciones, Giuseppe Sarto fue elegido el 4 de Agosto al obtener 55 de 60 votos posibles. Su coronación tuvo lugar el siguiente Domingo, 9 de Agosto de 1903. En su primera Encíclica, deseando revelar hasta cierto punto su programa de trabajo, mencionó el que sería el lema de su pontificado: “instaurare omnia in Christo” (Ef 1,10). En consecuencia, su mayor atención giró siempre sobre la defensa de los intereses de la Iglesia. Pero ante todo, sus esfuerzos también se dirigieron a promover la piedad entre los fieles, y a fomentar la recepción frecuente de la Sagrada Comunión, y, si era posible, hacerla diariamente (Decr. S. Congr. Concil., 20 de Diciembre, 1905), dispensando a los enfermos de la obligación de ayunar para poder recibir la Sagrada Comunión dos veces al mes, o incluso más (Decr. S. Congr. Rit., 7 de Diciembre, 1906). Finalmente, mediante el Decreto “Quam Singulari” (15 de Agosto, 1910), recomendó que la Primera Comunión en los niños no se demorara demasiado tiempo después de que alcanzaran la edad de la discreción. Fue por deseo suyo que el Congreso Eucarístico de 1905 se celebró en Roma, mientras que aumentó la solemnidad de los congresos Eucarísticos posteriores mediante el envío de cardenales legados.

El lema que escogió como Papa se convertiría posteriormente en el programa de todo su pontificado, enunciado desde su primera encíclica, E supremi apostolatus: “Nos proclamamos que no tenemos ningún otro programa en el Pontificado Supremo sino el de ‘restaurar todas las cosas en Cristo’”. Esto significa, agrega, “llevar a la humanidad de vuelta al dominio de Cristo”. Y con tal fin “debemos usar todos los medios y ejercer toda nuestra energía para producir la desaparición total de la enorme y detestable maldad, tan característica de nuestro tiempo – la sustitución de Dios por el hombre”. Esto se identifica plenamente con el ideal contra-revolucionario que encontramos en Revolución y Contra-Revolución de Plinio Correa de Oliveira cuando leemos: “Si la Revolución es el desorden, la Contra-Revolución es la restauración del Orden. Y por Orden entendemos la paz de Cristo en el Reino de Cristo. O sea la civilización cristiana, austera y jerárquica, fundamentalmente sacral, antiigualitaria y anti-liberal”.

Combatiendo enemigos externos e internos

Resultado de imagen para Papa san pio x con tiaraLos tiempos que vivía la Iglesia eran particularmente difíciles en Francia ya que el gobierno masónico del primer ministro y exseminarista Émile Combes confiscó en 1905 los bienes eclesiásticos, laicizó la educación y decretó la supresión de las órdenes religiosas. Este hombre incluso pretendía nombrar obispos sin intervención del Papa y hacer de la Iglesia en Francia una iglesia demócrata creando para este fin asociaciones de culto integradas por laicos quienes estarían por encima de los obispos. Ante esto San Pío X nombró a 16 nuevos obispos franceses, los convocó a Roma, y él mismo los consagró en el altar de la Cátedra de San Pedro. Para ayudarlos en la ardua misión que les aguardaba, los exhortó a “tener en mente que hemos nacido para la batalla: ’No he venido a traer la paz, sino la espada’” (Mat. 10, 34)”; a “defender los derechos de la Iglesia, que son los derechos de Dios”, y a jamás “faltar a vuestra dignidad y a vuestros deberes que ella os impone”.

Como resultado de esta contraofensiva y ferviente defensa de los derechos de la Iglesia, el gobierno francés no pudo más que retroceder. No obstante, la más dolorosas batallas las tuvo que librar contra los enemigos internos que asediaban la integridad de la Iglesia. Las ideas igualitaristas de la Revolución Francesa y del socialismo que se fortalecían cada vez más con la corriente modernista, impulsaban a los fieles a amar la novedad y odiar la tradición, en el campo intelectual se pretendía imponer la idea de que la doctrina católica debía evolucionar junto con el mundo y tener una estructura mucho más democrática. San Pio X estudió el problema a fondo desenmascarando así una gnosis panteísta demoníaca que niega la existencia de un Dios único personal, dador de una doctrina inmutable. En su lugar sólo cabía la imagen grotesca de una pseudo-divinidad mutante y fragmentada en partículas en todos los seres del universo; a raíz de esto es que publica su célebre encíclica Pascendi Dominici Gregis denunciando al modernismo como “la suma y la síntesis de todas las herejías”. Los documentos con que el santo pontífice desenmascaró y condenó al modernismo y sus líderes —entre los que sobresale el decreto Lamentabili sane Exitu, que condena 65 proposiciones modernistas—, así como todas las acciones concretas que emprendió para extirparlo son demasiado extensas como para compartirlas por este medio pero valdría la pena estudiarlas a fondo siendo que todo lo que en aquel entonces fue denunciado hoy lo vemos como cosa normal dentro de la Iglesia.

Después de diez años de incesante lucha, la victoria de San Pio X fue tal que los líderes modernistas no tuvieron más opción que replegarse y ocultarse en sus antros de mala muerte; lamentablemente la desidia de la estructura eclesiástica posterior hizo que el modernismo resurgiera metamorfoseado en movimientos como el “liturgicismo” y la “nueva teología” de los años ’40, los “sacerdotes para el socialismo” de los años 60, la teología de la liberación en los ’70, etc.

Una pastoral perfecta

Imagen relacionadaEl celo pastoral consumía el corazón de San Pío X, esto quedó evidenciado cuando autorizó la comunión frecuente, incluso diaria, para todos los fieles, consciente del efecto inconmensurable de la Eucaristía para apagar las malas inclinaciones y estimular las buenas, logrando así inhibir la penetración de la corrupción revolucionaria en la sociedad. Se cuenta que en una ocasión, una noble dama católica inglesa, esposa de un diplomático en servicio en Roma que regresaba a su país, fue a despedirse de San Pío X acompañada de su pequeño hijo. Sabiendo del celo eucarístico del Pontífice, la dama se lamentó que el niño no pudiese aún comulgar. El Papa preguntó entonces al pequeño:

¿Cuántos años tienes? —Cinco, respondió el niño.
¿Desearías recibir la Comunión? —¡Sí!
¿Qué es la Hostia? —La Hostia es Jesús
¿Y quién es Jesús? —Jesús es Dios.
Suficiente —dijo el Papa. Y llamando a un monseñor de servicio, le ordenó disponer la capilla, diciendo: —Él está preparado para recibir a Jesucristo. ¡Yo mismo le daré ahora la Primera Comunión! —Y así lo hizo, previa absolución al pequeño inocente.

Redactó el famoso “Catecismo Romano” que hasta hoy continúa siendo editado, por la estupenda claridad de sus enseñanzas. Y para dar ejemplo, él mismo predicaba el Catecismo todos los domingos a los niños en el exterior de una iglesia de Roma.

Movido por un perfecto amor a Dios, el deseo de llevar la mayor cantidad de almas al cielo posible se extendió al cuidado de la liturgia. Corrigió abusos generados por la introducción de músicas profanas en las funciones litúrgicas publicando el Motu Proprio Tra le Sollecitudini, con una “Instrucción sobre Música Sacra”, que se define como “un código jurídico de Música Sacra”, en la cual explica que dicha música, en cuanto hace parte de la liturgia se destina a “aumentar el decoro y esplendor de las sagradas ceremonias” y por eso debe poseer “santidad y bondad en las formas”. El texto detalla minuciosamente todo lo que debe y no debe contener la música y el canto en celebraciones religiosas, excluyendo todo lo profano. Este texto, junto a otros de similar índole deberían hacer recapacitar a los sacerdotes de hoy que permiten o incluso fomentan, a través de cantos modernos, una “devastación litúrgica” oportunamente denunciada por Benedicto XVI.

El legado de un Papa santo

Después de haber combatido el buen combate y entregado su vida a la causa católica durante toda su vida, este gran hombre de Dios partió a la casa del Padre un 20 de agosto de 1914, dejándonos como legado un modelo de vida eficaz de contra-revolucionario. Ciertamente estamos pasando por momentos de crisis sin precedentes, son tiempos en el que la confusión entre los fieles y la corrupción de la estructura eclesiástica imperan y generan la terrible tentación de la inactividad, de la conformidad y del desaliento. Una corriente muy particular de gracia divina está suscitando sobre todo entre los jóvenes el deseo de volver la mirada hacia la doctrina y tradición milenaria de la Iglesia Católica ocultadas o desfiguradas por el odio modernista. Desde esta humilde iniciativa católica invitamos a unirse a la contra-revolución, entendida como la restauración del orden que es la paz de Cristo en el Reino de Cristo, o sea la civilización cristiana, austera y jerárquica, fundamentalmente sacral, antiigualitaria y antiliberal.

Permanezcamos firmes en la convicción de que “No se edificará la ciudad de un modo distinto a como Dios la ha edificado; no se levantará la sociedad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad: omnia instaurare in Christo” (Papa San Pio X)

Fuentes:

Enciclopedia Católica: http://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_San_P%C3%ADo_X

Tradición y Acción por un Perú Mayor: http://tradicionyaccion.org.pe/spip.php?article302#nb1

Encíclica E Supremi Apostolatus: https://w2.vatican.va/content/pius-x/la/encyclicals/documents/hf_p-x_enc_04101903_e-supremi.html

PLINIO CORREA DE OLIVEIRA, Revolución y Contra-Revolución.

MOTU PROPRIO TRA LE SOLLECITUDINI: http://w2.vatican.va/content/pius-x/es/motu_proprio/documents/hf_p-x_motu-proprio_19031122_sollecitudini.html

Categories: Santoral

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