Ciertamente la resistencia contra la cultura de la muerte necesita de todas las alianzas posibles para conseguir resultados eficaces, sin embargo, no por eso podemos permitir que en aras de un fin bueno permitamos medios malos o incluso fines paralelos contrarios a lo que manda y ordena la Iglesia, a propósito de Trump, Putin y los medios supuestamente anti-establishment parcializados y poco objetivos.

Partamos de lo más básico, la Iglesia enseña en su doctrina social y política que los bienes no negociables (vida y familia) están por encima de todos los demás bienes que podríamos encontrar en el orden temporal, es decir, por encima de los bienes políticos, económicos, sociales, etc. De allí que, de presentarse la terrible y muy común situación de tener que elegir entre malos candidatos, se opta por el que menos daño hace a estos bienes, lo que en lenguaje cotidiano llamamos “mal menor”. Si somos estrictos con el término no sería correcto decir que los católicos optamos por un mal menor ya que el católico nunca debe elegir un mal sino que siempre debe elegir el bien, sin embargo, como el común de mortales no ha estudiado filosofía, teología y demás yerbas para usar un lenguaje académico preciso de forma constante, se entiende que cuando hablamos de “mal menor” nos referimos a aquella opción que menos daño hace en medio de puras alternativas malas; sensu strictu esa mala opción constituiría el bien mayor posible. Tengo que aclarar esto ya que no faltará el quisquilloso que no entienda que esta es una nota de opinión y no un artículo académico.

Vivimos en una sociedad enferma, una sociedad víctima de décadas de híper-explotación de los aspectos sentimentales y pasionales del ser humano, un proceso antropológico decadente que desemboca en la obnubilación de la razón. Lo que en lenguaje cotidiano podríamos llamar una “sociedad idiotizada”. De allí que lo dicho más arriba sobre los bienes no negociables como principio de elección no es algo que esperemos más que de las personas formadas intelectualmente en doctrina católica y que, sobre todo, tengan ordenadas sus pasiones y sentimientos ¿Por qué? Sencillo, una persona desordenada pasional y sentimentalmente deja de lado las razones, por más fuertes que sean, para decidir según criterios superficiales y egoístas, no por nada, en algunos ámbitos, a nuestra era la conocen como el siglo del yo.

Para las grandes marcas internacionales es muy fácil lucrar con mentes idiotizadas, solo tienen que presentar su producto unido a algún elemento sentimental o pasional para que las masas se muevan a consumir, y es que justamente esa es la diferencia entre pueblo, una gran familia de almas con armonía en su diversidad bajo lo que le es común, y masa que por su gran alma vacía es siempre colectiva y esclava[1]. Las masas han sido entrenadas para desear siempre nuevas cosas incluso antes de que las viejas hayan caducado, esto es causa y efecto del capitalismo liberal.

Para los marxismos y neomarxismos esta sociedad resulta ser un campo fértil; después de la caída del muro de Berlín el comunismo no hizo más que cambiar de estrategia, ahora llega con nuevas dialécticas como es el feminismo de género (hombre opresor, mujer oprimida), ideología de género (naturaleza opresora, género oprimido), ecologismos (humano opresor, naturaleza oprimida), etc. Increíblemente aún hay personas que consideran al marxismo económico como una solución viable a la pobreza, estos son probablemente los más idiotizados.

Y es que después de las guerras las personas empezaron a valorar más el vientre que el espíritu, así fue que el capitalismo y su consumismo idiotizante entró con las puertas abiertas a EEUU y, con la globalización, a todos los demás países. Así, los neomarxismos conquistan mentes y el liberalismo capitaliza con la inmoralidad. Los millones de dólares que giran en torno al negocio del aborto, el cambio de sexo, la despenalización de las drogas, los anticonceptivos, etc. ganan cada vez más adeptos entre los empresarios.

El católico medianamente consciente de la realidad no sabe ya a quién acudir, de repente le llegan a sus oídos nombres como los del sacerdote jesuita James Martin, el obispo Antonio Carlos Cruz, el cardenal Schönborn, el cardenal Marx, el cardenal Kasper, entre muchos otros que lejos de condenar y atacar la cultura de la muerte la aprueban y la promueven; años atrás, el católico de a pie podía confiar hasta lo que el cura del pueblo decía, hoy vemos que incluso cardenales defienden el matrimonio homosexual como cosa buena. El desconocimiento general de la doctrina católica hace pensar a algunos católicos que nuestra fe se mueve en torno a lo que diga tal o cual sacerdote, obispo, cardenal o Papa; desconocen que existe un magisterio infalible de la Iglesia, que la unidad última no es con un prelado sino con la Verdad revelada por nuestro Señor Jesucristo y que la estructura eclesiástica será digna de oír en la medida que se adhieran a esta doctrina, el católico no sigue opiniones de tal o cual sacerdote, el católico sigue la doctrina milenaria del magisterio infalible de la Iglesia. Por eso el católico bien formado no tambalea cuando algún miembro de la jerarquía eclesiástica pierde el rumbo, todo lo contrario, es motivo para rezar más y ofrecer sacrificios de desagravio a Dios.

Krzysztof Charamsa
Mons. Krzysztof Charamsa suspendido por la Santa Sede después de haber confesado su homosexualidad junto a su amante

Mal que bien, la mayoría de católicos saben que es bueno defender la vida y la familia, por tanto, deciden unirse a toda campaña que defienda los llamados bienes no negociables. Pero he aquí el peligro. Al no saber que la verdadera motivación del católico para defender la vida y la familia es la obligación que tenemos respecto al magisterio infalible de la Iglesia y los presupuestos que esta contiene, se termina por creer que es un tema opinable o inferior a otros bienes. Por otro lado, por pertenecer a la generación sin líderes y referentes católicos, muchos fieles terminan por adherirse a personajes cuya propaganda los muestra como caudillos fuertes y firmes, supuestamente enemigos del enemigo.

Así tenemos varias plataformas provida y profamilia cuya propaganda apunta a poner como referente a seguir a liberales que, lógicamente, querrán reducir todo el problema de la inmoralidad a marxismo cultural, quitándole toda responsabilidad al liberalismo capitalista. De allí que muchos católicos sin formación doctrinal, luego de leer sus libros y escuchar sus conferencias provida y profamilia en los que se defiende siempre a la derecha capitalista, terminan por abrazar una postura condenada por la Iglesia, estamos hablando de los católicos que se hacen llamar “económicamente liberales”, sin saber que la Iglesia tiene por condenada cualquier forma de liberalismo. Otras veces solemos escuchar de estos líderes liberales profamilia y provida sentencias como “no debe interesarnos lo que hagan con su vida personal, con tal de que no nos lo impongan está bien”; un católico bien formado jamás podría decir tal cosa, el pecado es pecado siempre, sea en el ámbito personal o en el ámbito público, esa expresión es lo mismo que decir que estamos a favor de la inmoralidad mientras permanezca reprimida en la privacidad.

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En tiempos de elecciones es cuando más se ven confusiones entre los católicos, en lugar de solo señalar al mal menor según la defensa de los bienes no negociables, se comete el terrible error de considerar a ese mal menor como un buen gobernante o político. El tema de un buen gobernante o político según la doctrina católica lo dejaré para otra ocasión, aquí señalaré lo peligroso que es cometer el error que acabamos de mencionar. Tenemos por ejemplo al conocido Donald Trump, que, tomando como punto de partida lo dicho al principio, respecto a Hillary era el mal menor en la última campaña presidencial, de eso no hay duda. Sin embargo, son muchos los católicos que han cometido el error de ver en Trump un líder a seguir sin saber que están actuando de forma contraria a la doctrina social y política de la Iglesia. Aunque el 52 % de católicos estadounidense votó por el candidato republicano, hubo un 45% de católicos que votó por Hillary Clinton, esto nos hace ver que son bastantes los católicos que por encima de la vida y la familia optaron por seguir la propaganda anti Trump del muro, del racismo, de la misoginia, etc. Propaganda creada directamente para tocar las fibras sentimentales y pasionales de los votantes. Pero vamos, el desprecio manifestado por el equipo de Hillary Clinton hacia los católicos y su abierto apoyo a la multinacional del aborto Planned Parenthood no convierte a su enemigo político en bueno, repito, fue simplemente la elección de un mal menor.

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Junto al presidente de Rusia, Vladimir Putín, Trump se ha colocado, gracias a una fuerte propaganda, como referente contra la inmoralidad del establishment y del discurso políticamente correcto. Ciertamente la posición anti-establishment es algo saludable, pero no toda postura anti-establishment resulta sana, para saberlo tendríamos que ver bajo qué parámetros se guía. Recordemos por ejemplo lo que pasó en la segunda guerra mundial, la comunista Unión Soviética amenazaba a todo occidente, se levantó entonces un líder alemán supuestamente contrario a este monstruo, se ganó la confianza de muchos, incluyendo católicos, pero más tarde terminó siendo la otra cara de la misma moneda, otro totalitarismo. Ahora es fácil ver en Hitler un líder perverso, pero en su momento endulzó a muchos incautos deseosos de un líder fuerte que ataque al enemigo del momento. Con esto no estamos diciendo que Trump o Putin sean equiparables a Hitler, simplemente que no es nada bueno dejarse llevar por la propaganda sin un objetivo análisis de la realidad partiendo desde la doctrina católica.

La propaganda rusa y pro-rusa de occidente presentan a Putín como el salvador de la moral y los valores tradicionales, el enemigo del Nuevo Orden Mundial, etc. Sin embargo nunca mencionan la expansión de sus fronteras a costa de los países liberados del yugo de la ex Unión Soviética, manifiesta abiertamente su admiración a Lenin, Stalin y a la Unión Soviética, celebra acuerdos con la Venezuela de Maduro y con la Nicaragua de Ortega el dictador, ambos de corte marxista. Los más incautos lo consideran próvida, sin embargo en todos los años de gobierno que tiene no ha hecho absolutamente nada en contra del aborto. No es para demonizarlo pero sí para dejar en claro que un católico no puede tomarlo como un buen gobernante ni de lejos.

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Detrás de las masas que siguen a estos “hombres fuertes” encontramos corrientes contrarias al catolicismo como es el identitarismo, el populismo, distintos tipos de nacionalismos, etc. Corrientes que el proceso idiotizador, anteriormente mencionado, del que son víctimas las últimas generaciones, no permite distinguir con claridad a los católicos poco formados. A esto se le suman los medios que, aunque anti-establishment, no son nada objetivos; con tal de aumentar su tráfico web o expandir el culto a sus “hombres fuertes” optan por ocultar información importante que, al menos a los católicos, les interesa saber. Por ejemplo, cuando a finales del año antepasado dijo estar de acuerdo con la decisión del alto tribunal respecto a la legalización del matrimonio homosexual ninguno de los medios supuestamente reaccionarios dijo algo; sin ir tan atrás en el tiempo, hace unos días Trump firmó para darle más de 500 millones de dólares a la multinacional abortista Planned Parenthood, los mencionados medios se quedaron en silencio nuevamente, incluso hubieron colectivos provida (protestantes) que, aprovechando la cumbre a realizarse dentro de unos días en Perú, le estaban organizando un recibimiento como gran personalidad provida. En Perú, esta ralea de medios supuestamente provida y profamilia, en tiempos de elecciones, hizo tratos con uno de los peores candidatos liberales, en cuyo plan de gobierno sostenía claramente la imposición de la ideología de género en ocho de sus puntos pero que en una entrevista para la página Parejas reales decía defendería la vida y la familia ¿Por qué esta alianza? Supuestamente por estrategia política para impedir el avance de una candidata comunista, he allí el error de creer que el liberalismo es menos malo que el comunismo. Como se vio después, este candidato liberal llegó al sillón presidencial e hizo los desastres que ya todos los peruanos conocemos, el tristemente famoso desgobierno de PPK que ni bien llegó al poder hizo se repartieran pastillas abortivas a todas las niñas del país con dinero de los peruanos, esto además de su denodado esfuerzo por imponer la ideología de género.

Concluyo así esta extensa y aburrida nota recordando que por el hecho de que algo sea provida o profamilia no significa que ya sea bueno del todo; como se podrá dar cuenta el lector, incluso dentro de los provida y profamilia hay quienes sacan provecho económico, político, social o de alguna otra índole para sí mismos con la defensa de los bienes no negociables de forma desleal. No podemos conformarnos con cualquier “líder fuerte” de moda que se nos presente, un buen gobernante es aquel católico que tomando como directrices generales la doctrina social y política de la Iglesia defiende lo que esta defiende y condena lo que esta condena. Menos de eso no puede ser más que un mal menor. Hoy más nunca urge que el católico tome consciencia de la doctrina milenaria de la Iglesia para que no vaya por allí como oveja sin pastor o como barco a la deriva siguiendo fuentes nada objetivas y desleales. Podemos ciertamente como católicos unirnos y colaborar con muchos no católicos en la lucha contra la revolución cultural, pero eso no significa que tengamos que disimular, mucho menos negar nuestra identidad católica y lo que nuestra doctrina sostiene.

[1] Cfr. PÍO XII, Radiomensaje de Navidad de 1944, Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239.

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One comment

No todo el que se diga provida y profamilia heredará el reino de los cielos

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