No es muy difícil encontrar cierta objeción por parte de algunos católicos muy mal formados (quizá deformados) al momento de hablar del reinado social de nuestro Señor Jesucristo. Algunos de ellos no hacen caso ni a las amonestaciones de los Papas cuando condenan aquella herejía que se niega a aceptar a Cristo como Rey universal, su atrevimiento se eleva incluso a citar las mismas palabras nuestro Señor. Aquí la respuesta.

Ya habíamos expuesto anteriormente por qué nuestro Señor es Rey universal, sin embargo, aparece el espíritu de duda propio del católico poco formado o simplemente deformado por la revolución. ¿No dice, nuestro Señor mismo, en las Sagradas Escrituras: “Mi reino no es de este mundo”? claro que lo dice ¿Eso significa que toda nuestra exposición anterior junto a las condenas de Papas al respecto cae por los suelos? De ninguna manera, hay que ser muy ignorante para pensar que con una cita bíblica se puede traer abajo siglos de doctrina católica.

Ciertamente el reino de Cristo no es de este mundo, esto es así porque el reino de Cristo no procede de este mundo, nos viene de arriba y no hay potestad alguna sobre la tierra que pueda tan siquiera tocarlo con las yemas de los dedos, nadie puede arrebatarle este reino a nuestro Señor Jesucristo. Decir “de este mundo” no contradice en modo alguno la realeza social de la Soberanía de nuestro Señor sobre todo, la expresión latina “de hoc mundo” más bien expresa el origen de este reino, no hay latinista que pueda contradecir esto.

Según esto, el reino de nuestro Señor Jesucristo no es como los reinos terrenales, limitados, perecederos, sometidos a mil contratiempos. El reino de nuestro Señor no conoce fronteras, no está sometido a nada, más bien todo se le somete. No necesita de ejércitos para mantenerse, ni siquiera el revolucionario non serviam del Demonio ha logrado hacer algo contra este reino. Nada hay en ese texto bíblico que pueda significar, o tan siquiera insinuar, que nuestro Señor Jesucristo no deba reinar socialmente sobre los soberanos y las naciones de la tierra. Es abusivo y contrario a la verdad interpretar de forma restrictiva las Sagradas Escrituras para engañar a las personas y hacerles creer que la realeza de nuestro Señor solo se extiende sobre las almas y no sobre las naciones y gobernantes. Sería lo mismo que afirmar que cuando nuestro Señor Jesucristo dijo: “todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra” no hacía más que emitir una amable jactancia y como muchas otras partes de las Sagradas Escrituras, no sería más que una expresión hueca y sin valor. Sería lo mismo que decir que la Iglesia se ha venido equivocando durante casi dos mil años en este punto.

Este tipo de atrevimiento puede ser originado por dos posibles causas, ignorancia o malicia. Si revisamos las Sagradas Escrituras veremos que en los cuatro evangelios, ante la pregunta de Pilato “¿Eres tú el rey de los judíos?”, nuestro Señor responde “Tú lo has dicho”. En el Evangelio según San Juan el relato es más largo.

Entró Pilato de nuevo en el pretorio, y, llamando a Jesús, le dijo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Por tu cuenta dices eso o te lo han dicho otros de mí? Pilato contestó: ¿Soy yo judío por ventura? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí, ¿qué has hecho?” Hasta aquí no hay más que una simple preocupación de corte político por parte de Pilato, ante esto nuestro Señor Responde “Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían combatido para que no cayese en manos de los judíos.” Pilato, en su pobre mente pragmática de romano no entiende cómo, después de describir de forma tan objetiva su situación, puede aun así llamarse rey, es por eso que insiste en la pregunta tratando de lograr una respuesta lógica del apresado “Ergo rex est tu…” “Ergo”, es decir, luego, no obstante, a pesar de todo, ¿Tú eres rey? ¿Con todo eso descrito por ti mismo te haces llamar rey? Es así que nuestro Señor, con soberana autoridad, responde: “Tú lo has dicho, yo soy rey.” Nuestro Señor rehúsa a usar otro término que no sea rey, y añade “Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz.”

Nuestro Señor ha nacido para ser Rey, nuestro Señor mismo lo proclama, y esta proclamación no hace referencia al derecho de soberanía divina de la segunda persona de la Santísima Trinidad, hace referencia más bien al derecho soberano que Daniel, en su visión, vio entregar a este Hijo del hombre por el Anciano misterioso.

Esta es la enseñanza de la Iglesia, la que encontraremos en las Sagradas Escrituras y en los Padre de la Iglesia, maravillosamente explicado en doctores escolásticos como San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, el primero dice: “En cuanto hombre el Salvador ha sido magnificado por encima de todos los reyes de la tierra a causa de la Asunción de su Humanidad en la unidad de una persona divina…”[1], el segundo dice: “El alma de Cristo es un alma de rey, la cual rige todos los seres, porque la unión hipostática la coloca por encima de toda criatura.[2]

La Iglesia canta en la fiesta de la Epifanía “Crudelis Herodes, Cruel Herodes” “¿Por qué temes el advenimiento de un Dios Rey? No arrebata los tronos mortales Quien da el reino celestial”. Ese fue el temor que nuestro Señor le ahorró a Pilato, sin embargo, jamás le ocultó su realeza. Un reino de Verdad donde todo el que esté en la Verdad podrá escuchar su divina voz, de allí que un gobernante sometido a la Divina majestad no hace otra cosa que la voluntad de Dios.

El gran enemigo, condenado por la Iglesia, de este reino es el liberalismo ya que ataca la noción misma de verdad, con el mismo orgullo de Pilato no deja a nuestro Señor contestar la pregunta ¿Quid est veritas? La verdad queda así oculta para todo aquel que rehúsa creer en su posibilidad, de allí la importancia de la consciencia de la propia ignorancia. Ese ¿qué es la verdad? es como decir “otro loco que cree en la verdad”. Postura que vemos también en Herodes, esto justamente porque ambos son liberales, ese es el punto de su reconciliación, uno libertino y el otro respetuoso de las formas, sin embargo en ambos palpita ese rechazo de la verdad absoluta, ese liberalismo correcto es el que ostentan mucho católicos faltos de carácter cuando no reconocen la completa soberanía de nuestro Señor, esos que, al igual que Pilato, comienzan por azotarle para luego enviarlo a la muerte con las manos lavadas, esos que son muy de guardar las formas. Así nuestro Señor hasta el día de hoy va siendo insultado y condenado de Pilato a Herodes y de Herodes a Pilato.

Si avanzamos en el relato evangélico, veremos cómo Dios quiso que al menos una vez escuchara Pilato la clave de todos los enigmas con los que se tropezó: “quia Filium Dei se fecit…, porque se ha hecho Hijo de Dios…”, es el grito de los judíos, es como si nuestro Señor todavía quisiese que este romano liberal cambiase, incluso en sueños le habla a su mujer, pero no cambia solo se asusta “Cum ergo audisset Pilatus hunc sermonem, magis timuit.” “Cuando Plato oyó estas palabras, temió más…”. Pilato entonces pregunta “¿De dónde eres tú? Pero Jesús guarda silencio. Pilato como hombre con miedo se acrece “¿No me responde? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y para cricificarte? Y Jesús responde: “No tendrías ningún poder sobre mí, si no te hubiera sido dado de lo alto.” Palabras que están dirigidas a cualquier hombre con una parcela de poder, tienen que saber que de Dios les viene el poder. Así nuestro Señor mismo deja zanjado el asunto, la realeza que él reivindica, aunque no es de este mundo, se ejerce sobre él, sobre los individuos como sobre las naciones, y esto es así porque es Hijo de Dios. Esta es la lección del Evangelio.

[1] Serm. I in dom. Palm. IX, 243 a.

[2] Hipostática: se dice de la unión del Hombre y del Verbo formando una sola persona.

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