Un destacamento de soldados que sufrió una cruel muerte por su fe, cerca de Sebaste, en Armenia Menor, víctima de las persecuciones de Licinio, quien, después del año 316, persiguió a los cristianos de Oriente.

El relato más antiguo de su martirio se da por San Basilio, obispo de Cesarea (370-79), en una homilía pronunciada en la fiesta de los cuarenta mártires (Hom. xix en P.G., XXXI, 507 y ss.). La fiesta es por consiguiente más antigua que el episcopado de Basilio, cuyo elogio de ellos se pronunció sólo cincuenta o sesenta años después del martirio, que es así histórico más allá de toda duda. Según San Basilio, cuarenta soldados que se habían confesado abiertamente cristianos fueron condenados por el prefecto a ser expuestos desnudos sobre un estanque helado cerca de Sebaste en una noche terriblemente fría, para que murieran congelados. Entre los confesores, uno cedió y, abandonando a sus compañeros, buscó los baños calientes junto al lago que se habían preparado para el que se mostrara inconstante. Uno de los guardias puestos para vigilar a los mártires contempló en ese momento un resplandor sobrenatural que les cubría y enseguida se proclamó cristiano él mismo, se despojó de sus vestidos, y se colocó junto a los treinta y nueve soldados de Cristo. Así el número de cuarenta siguió completo. Al amanecer, los rígidos cuerpos de los confesores, que aún daban signos de vida, fueron quemados y sus cenizas arrojadas a un río. Los cristianos, sin embargo, recogieron los preciosos restos, y las reliquias fueron distribuidas por muchas ciudades; de esta manera la veneración prestada a los cuarenta mártires se extendió, y se erigieron numerosas iglesias en su honor.

Una de ellas se construyó en Cesarea de Capadocia, y fue en esta iglesia donde San Basilio pronunció públicamente su homilía. San Gregorio de Nisa fue un devoto especial de estos santos mártires. Dos discursos en alabanza suya, predicados por él en la iglesia dedicada a ellos, se conservan aún (P.G., XLVI, 749 y ss., 773 y ss.) y a la muerte de sus padres, los enterró junto a las reliquias de los confesores. San Efrén el sirio también elogió a los cuarenta mártires (Hymni in SS. 40 martyres). Sozomeno, que fue testigo presencial, nos ha dejado (Hist. Eccl., IX, 2) un interesante relato del descubrimiento de las reliquias en Constantinopla gracias a la emperatriz Pulqueria. Una especial devoción a los cuarenta mártires de Sebaste se introdujo en fecha temprana en Occidente. San Gaudencio, obispo de Brescia a comienzos del Siglo V (muerto hacia 410 o 427), recibió partículas de las cenizas de los mártires durante un viaje a Oriente, y las colocó con otras reliquias en el altar de la basílica que había erigido, en cuya consagración pronunció un discurso, aún existente (P.L., XX, 959 y ss.). Cerca de la iglesia de Santa Maria Antiqua en el Foro Romano, construida en el Siglo V, se encontró una capilla, construida, como la propia iglesia, en un antiguo sitio, y consagrada a los cuarenta mártires. Una pintura, aún conservada allí, que data del Siglo VI o VII, pinta la escena del martirio. Los nombres de los confesores, tal como los encontramos también en fuentes posteriores, estaban antiguamente inscritos en este fresco. Las actas de estos mártires, escritas posteriormente, en griego, siríaco y latín, se conservan aún, también un “Testamento” de los cuarenta mártires. Su fiesta se celebra en la Iglesia Griega, tanto como en la Latina, el 9 de Marzo.

J.P. KIRSCH Transcrito por Mary y Joseph P. Thomas En memoria del Padre Joseph Paredom Traducido por Francisco Vázquez

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