Durante Semana Santa, suelen asistir a las celebraciones una gran cantidad de personas y no pocas veces se comenten abusos que pueden considerarse como sacrilegios y, en casos más graves, son merecedores de la excomunión reservada a la Santa Sede (Cfr. Redemtionis Sacramentum 107).

Una colaboración del blog hermano El católico pensante.

Si bien recomendamos una lectura más profunda y completa de la Instrucción Redemptionis Sacramentum (abreviada como RS, y que puedes consultar aquí), deseamos abordar algunos de los abusos más frecuentes de los que hemos tenido noticia.

La materia (pan y vino)

Debemos tomar en cuenta lo que la Santa Sede pide a los Obispos en su Carta Circular sobre el pan y el vino para la Eucaristía y lo que dice RS en sus números 48 a 50.

Al momento de adquirir el pan para la Eucaristía, es necesario cerciorarse de que sea ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente, para que no haya ningún peligro de que se corrompa. No debe ser elaborado con otra sustancia que no sea trigo, ni mezclarse con frutas, azúcar o miel. En el caso de las personas celíacas, pueden usarse las hostias especiales que han sido debidamente aprobadas por el Obispo Diocesano o la Conferencia Episcopal de acuerdo con la normativa aprobada (misma que puede ser consultada aquí). En cuanto a la elaboración, las hostias deben ser preparadas por personas que no sólo se distingan por su honestidad, sino que además sean expertas en la elaboración y dispongan de los instrumentos adecuados.

Si se llega a elaborar como pan y no como hostia, debe garantizarse que se cumpla totalmente con la normativa anterior, pues de lo contrario, la materia puede no ser válida para la consagración y se estará cometiendo un gravísimo sacrilegio por parte de quien lo elabora, lo compra y lo “consagra”.

En cuanto al uso de pan en vez de hostias, no es recomendable puesto que, de acuerdo con la doctrina perenne de la Iglesia, en cada mínima partícula se encuentra Jesús completo, por lo cual debe extremarse el cuidado al momento de fraccionar y distribuir la comunión, puesto que si una migaja cae, es a Cristo mismo a quien estamos dejando caer. La comunidad no requiere de “innovaciones pastorales” para afianzar su fe, sino de celebraciones bien hechas conforme a la rúbrica, pues recordemos que como dice RS en su número 12:

Por otra parte, todos los fieles cristianos gozan del derecho de celebrar una liturgia verdadera, y especialmente la celebración de la santa Misa, que sea tal como la Iglesia ha querido y establecido, como está prescrito en los libros litúrgicos y en las otras leyes y normas. Además, el pueblo católico tiene derecho a que se celebre por él, de forma íntegra, el santo sacrificio de la Misa, conforme a toda la enseñanza del Magisterio de la Iglesia.

En cuanto al vino, “debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas (…). Téngase diligente cuidado de que el vino destinado a la Eucaristía se conserve en perfecto estado y no se avinagre. Está totalmente prohibido utilizar un vino del que se tiene duda en cuanto a su carácter genuino o a su procedencia, pues la Iglesia exige certeza sobre las condiciones necesarias para la validez de los sacramentos. No se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género, que no constituyen una materia válida”. Por eso no debe tener ningún tipo de adición (como azúcares) y debe estar certificado por el Obispo o la Conferencia Episcopal.

En el uso de vinos judíos debe tenerse extremo cuidado con su proceso de fabricación, puesto que un “certificado kosher” no es garantía de que cumpla con lo que manda la Iglesia (en especial en el tema de la adición de azúcares). Nuevamente, exhortamos a no hacer “experimentos pastorales” en algo tan delicado como el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor.

Consagración y distribución de la comunión

En caso de necesitarse consagrar una gran cantidad de hostias y de vino, puede colocarse una mesa (con su mantel blanco) y con corporales (los copones y los cálices deben estar sobre un corporal). Evítese el abuso de darlos a laicos (Acólitos ritualmente instituidos, MECs, etc.) a sostener mientras se consagran.

Recuérdese que los copones y cálices deben ser de metales nobles o, según el parecer de la Conferencia Episcopal y con la aprobación de la Sede Apostólica, de algún otro material sólido verdaderamente noble. Está prohibido usar vasos comunes o de escaso valor, en lo que se refiere a la calidad, o carentes de todo valor artístico, o simples cestos, u otros vasos de cristal, arcilla, creta y otros materiales, que se rompen fácilmente. Esto vale también de los metales y otros materiales, que se corrompen fácilmente (Cfr. RS 117).

Deben consagrarse suficientes hostias para el Jueves y Viernes Santos, al igual que disponerse de un número suficiente de cálices (está prohibido vaciar de un cáliz a otro la Sangre de Cristo, Cfr. RS 106).

En la distribución de la comunión, debe tenerse en cuenta lo siguiente:

  • La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento (RS 93), por lo que debe haber una por cada copón invariablemente. Evítese usar la patena del sacerdote como bandeja para la comunión.
  • Si se distribuye la comunión bajo las dos especies, colóquese un purificador limpio y sin usar extendido sobre la bandeja de la comunión.
  • La hostia que se debe mojar (en el caso de la comunión bajo las dos especies), debe estar consagrada; está absolutamente prohibido el uso de pan no consagrado o de otra materia (RS 104). Si se agotan las hostias consagradas, deberá traerse un copón con hostias consagradas desde otra iglesia, fraccionarlas antes de que se agoten o celebrar una Misa para las personas que se quedaron sin comulgar (si está permitido celebrar nuevamente la Misa). Bajo ningún concepto puede “consagrarse” pan en ese momento.
  • No está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni el cáliz sagrado «por sí mismos, ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano». (Cfr. RS 94)
  • En cuanto a la poco recomendable comunión en la mano, “No se permita al comulgante mojar por sí mismo la hostia en el cáliz, ni recibir en la mano la hostia mojada” (RS 104) y “póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano” (RS 92), por lo que es posible negarle a alguien la comunión en la mano si se sospecha de riesgo de profanación.

Las cenas judías

Está prohibido realizar una “cena judía” en el lugar sagrado, puesto que va contra la santidad del lugar (se está introduciendo un rito de una religión diferente).

En cuanto a “introducir ritos de la cena judía en la Misa”, esta “innovación pastoral” está severamente prohibida: “el abuso de introducir ritos tomados de otras religiones en la celebración de la santa Misa, en contra de lo que se prescribe en los libros litúrgicos, se debe juzgar con gran severidad” (RS 79). Recordemos que la cena judía era sólo un recuerdo, que tan sólo era una prefiguración de la auténtica Pascua.

En algunos lugares se acostumbra, como “idea pastoral”, acomodar el lugar como si fuera un “cenáculo”. Nuevamente, la Misa supera totalmente la tradición judía, pues en Ella se opera la salvación. Sobre este tema, transcribimos textualmente lo que dice RS 77.

La celebración de la santa Misa de ningún modo puede ser intercalada como añadido a una cena común, ni unirse con cualquier tipo de banquete. No se celebre la Misa, a no ser por grave necesidad, sobre una mesa de comedor, o en el comedor, o en el lugar que será utilizado para un convite, ni en cualquier sala donde haya alimentos, ni los participantes en la Misa se sentarán a la mesa, durante la celebración. Si, por una grave necesidad, se debe celebrar la Misa en el mismo lugar donde después será la cena, debe mediar un espacio suficiente de tiempo entre la conclusión de la Misa y el comienzo de la cena, sin que se muestren a los fieles, durante la celebración de la Misa, alimentos ordinarios.

Debemos entender por “motivo grave” la imposibilidad de realizarlo de otro modo.

Quejas sobre los abusos (RS)

Citaremos textualmente a RS:

183. De forma muy especial, todos procuren, según sus medios, que el santísimo sacramento de la Eucaristía sea defendido de toda irreverencia y deformación, y todos los abusos sean completamente corregidos. Esto, por lo tanto, es una tarea gravísima para todos y cada uno, y, excluida toda acepción de personas, todos están obligados a cumplir esta labor.

184. Cualquier católico, sea sacerdote, sea diácono, sea fiel laico, tiene derecho a exponer una queja por un abuso litúrgico, ante el Obispo diocesano o el Ordinario competente que se le equipara en derecho, o ante la Sede Apostólica, en virtud del primado del Romano Pontífice. Conviene, sin embargo, que, en cuanto sea posible, la reclamación o queja sea expuesta primero al Obispo diocesano. Pero esto se haga siempre con veracidad y caridad.

En entradas siguientes se abordarán las rúbricas de las celebraciones.

Categories: Formación Liturgia

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