Le duela a quien le duela, la única Iglesia fundada por Cristo es la Católica. Definamos bien este punto antes de pasar a temas como las imágenes, la virginidad de María, el purgatorio, el Papa, etc. Las Sagradas Escrituras y la historia nos dan la razón.

Como bien sabemos, a lo largo de la historia el orgullo revolucionario ha conducido al odio de toda superioridad, como si toda desigualdad fuera mala en sí misma, ensañándose sobre todo contra el orden metafísico y religioso. Del mismo modo la sensualidad en su desenfreno siempre ha pretendido derribar toda autoridad y toda ley, sea divina o humana, eclesiástica o civil, le da igual, su único fin es imponer la libertad absoluta sobre el orden establecido por Dios, por esto se dice que la revolución, a partir del orgullo y la sensualidad, es igualitaria y liberal. Así la pseudo – reforma hace su aparición como primera gran revoluciónimplantando el espíritu de duda, el liberalismo religioso y el igualitarismo eclesiástico.

Comenzaremos esta serie de artículos de formación católica con una de las cuestiones con las que los hijos de esta primera revolución nos suelen abordar, es decir, es o no es la Iglesia Católica la Iglesia que fundó nuestro Señor.

Vayamos por donde les encanta a los protestantes, las Sagradas Escrituras. Recordemos el siguiente versículo bíblico del Evangelio según San Mateo, capítulo 16, versículo 18: Jesús le dijo a Pedro: «Y ahora Yo te digo que tú eres Pedro -o sea, Piedra- y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y los poderes del infierno no la podrán vencer», nace la primera cuestión ¿No la podrán vencer? ¿Si Iglesia tendría que existir hasta el día de hoy no? Más adelante, nuestro Señor dice: «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo». Un católico medianamente formado podría decir que esta presencia de la que se habla se ha mantenido y guardado hasta hoy en toda su integridad sólo en la Iglesia Católica, ya que es la única que ha perdurado sin interrupción desde su fundación hasta nuestros días. Es la única que, ha sido objeto de esta presencia de Jesús desde su origen hasta hoy. En otras palabras: ¿Dónde estaban los evangélicos en el año 100, en el año 1000, o en el año 1400? Ellos no existían. ¿Cómo entonces pueden haber sido portadores de esta presencia de Jesús durante 1400 años, si sólo aparecieron en el siglo XVI?

Podríamos recordar el origen de las denominaciones cristianas más conocidas como:

  • Luteranos, fundados por Martín Lutero en Alemania  –  1521
  • Anglicanos, fundados por  Enrique VIII en Inglaterra  – 1534
  • Presbiterianos, fundados por John Knox en Inglaterra –  1560
  • Metodistas, fundados por Wesley en USA  –  1791
  • Adventistas, fundados por Wiliam Miller en USA  – 1818
  • Espiritismo, fundados por la Familia Fox en USA  –  1848
  • Mormones, fundados por José Smith en USA  –  1853
  • Bautistas, fundados por Smith en Inglaterra  –  1860
  • Adventistas del 7 Día, fundados por Elena White en USA –  1863
  • Testigos de Jehová, fundados por Charles Taze Russel en USA –  1876
  • Ejército Salvación, fundados por William Booth en  Inglaterra  –  1878
  • Rosacruces, fundados por Max H. en Alemania  – 1880
  • Pentecostales, fundados por un grupo de personas en USA –  1905
  • Niños de Dios, fundados por David Berg en USA  –  1950

Hasta hace unos años se contaban más de 45 mil denominaciones cristianas en todo el mundo ¿Alguien podría creer que esa fue la voluntad de Nuestro Señor cuando dijo: “para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.”? La verdad es que Nuestro Señor fundó la Iglesia Católica para continuar su obra de salvación. Única y exclusivamente a esta Iglesia que El mismo fundó, confió su misión, su Evangelio, su autoridad y sus poderes divinos para predicar, bautizar, hablar en su nombre y salvar a los hombres. Sin embargo, dieciséis siglos después de Cristo, Martín Lutero, un sacerdote católico excomulgado por hereje (del que hablaremos en otro artículo), inventó la teoría de la libre interpretación de la Biblia. Este libre examen produjo las miles de sectas que se cuentan hoy en día, sectas diferentes y opuestas, que sin ningún derecho se apropiaron del Evangelio, utilizándolo contra la legítima Iglesia y claro, todas ellas engañan a su feligreses diciéndoles que son las que Cristo fundó, o que Cristo no fundó ninguna Iglesia, así se libran del rigor histórico.

No faltará el carente de las luces mínimas que dirá: “pero en ninguna parte de la biblia menciona a la Iglesia Católica”, primero a esta persona hay que decirle que Cristo no vino con una biblia bajo el brazo como hacen algunos Testigos de Jehová, ni siquiera mandó a escribir el Nuevo Testamento, nuestro Señor fundó una Iglesia, formó hombres y los mandó a hablar y actuar en su nombre, al respecto leer II Timoteo 2, 2; Lucas 10,16; Mateo 28,19; Juan 20,19-23. Pero por favor, buscar una buena versión de la biblia, las traducciones de la Biblia Reina Valera son pésimas y trastocadas, pero de esto hablaremos en otro momento.

Es muy fácil apelar a la historia y ver que la Iglesia Católica, es decir, la Iglesia cristiana universal, es la única Iglesia que tiene 21 siglos, y que esta misma Iglesia viene de los Apóstoles, a través de sus legítimos sucesores. Desde San Pedro, martirizado en el año 67 en Roma por el emperador romano Nerón, hasta el Papa Francisco en la actualidad, esta Iglesia tiene un jefe representante de Cristo en la tierra y sucesor legítimo de San Pedro, ahora llamado Papa. La única Iglesia que puede proporcionarnos una lista de sus jefes, desde San Pedro hasta el Papa actual, es la Iglesia Católica. Pretender que la Iglesia verdadera se acabó en el siglo cuarto y que el emperador Constantino “fundó la Iglesia Católica” es antibíblico y antihistórico; es una afirmación indigna de un hombre sensato; afirmar eso es lo mismo que decir que Jesús se equivocó o mintió en su promesa y por tanto no sería Dios, por otro lado la historia nos respalda. Nuestro Señor dice “mi Iglesia”, no dice “mis iglesias”.

Según la doctrina milenaria de la Iglesia Católica podríamos decir de ella que es:

  • UNA: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra (San Pedro) edificaré mi Iglesia». Jesucristo habla en singular, es decir, de una sola Iglesia. En la lengua aramea, que Jesús hablaba, Pedro y piedra se dicen con la misma palabra: Kefá. Jesús hace un juego de palabras para expresar que Pedro es la piedra fundamental de su única Iglesia. Como bien sabemos, Mateo escribió en arameo, y en arameo Kefá significa roca. Se trata, naturalmente, de una piedra grande, de una roca; pues sobre una piedrecita no se puede edificar nada. La autenticidad de estas palabras fueron confirmadas por el célebre teólogo protestante Oscar Cullmann[1]. Cristo cambió a Pedro su nombre de Simón por el de Pedro, piedra, roca (kefá) porque lo iba a hacer fundamento de su Iglesia. Cuando en la Biblia Dios cambia el nombre de alguien es porque esta mutación es efectiva de lo que el nombre significa.[2]
  • SANTA: Santificar -o dar la vida de gracia- fue el primer objetivo de la venida de Cristo, y por lo tanto santificar es el primer objetivo de la Iglesia, que lo hace por medio de los sacramentos. Dice San Pablo que «Cristo amó a su Iglesia y se sacrificó por ella para santificarla…, para hacerla santa». «Cristo nos eligió para que seamos santos». «Ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación». El mismo Jesucristo dijo que Él había venido «para que el mundo se salve». «He venido, dice el Señor, no para juzgar al mundo, sino para salvarlo». Al enviar a sus Apóstoles por el mundo les dijo: «Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todas las cosas que Yo os he mandado». «Predicad a todas las criaturas: el que creyere y se bautizare, se salvará; pero el que no creyere, será condenado». La Iglesia fundada para llevar los hombres a la gloria debe ser santa, porque el camino de la salvación es la santificación.
  • CATÓLICA: El nombre de católica se remonta a principios del siglo II[3]. La empleó San Ignacio de Antioquía, discípulo del apóstol San Juan. «Católica» significa «universal» en griego: Jesucristo fundó su Iglesia para todos los hombres y para todos los tiempos: «Predicad a todas las gentes», «por todo el mundo», «Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos». Esto evidentemente supone que los Apóstoles tendrían sucesores, pues ellos, en su corta vida, ni podían predicar por todo el mundo y a todas las criaturas, ni iban a vivir hasta el fin del mundo.
  • APOSTÓLICA: La Iglesia verdadera tiene que entroncar con los Apóstoles, en quienes Cristo fundó su Iglesia. A ellos dio su potestad: «Yo os envío a vosotros», «quien a vosotros oye a Mí me oye».

Estas notas son inaplicables a las diferentes denominaciones cristianas que existen al día de hoy, las denominaciones protestantes son independientes unas de otras. Los Testigos de Jehová se separaron de los Adventistas, y éstos de los Bautistas, y éstos de los Anglicanos. Las Iglesias Protestantes de hoy vienen de Lutero, Enrique VIII y Calvino.[4] Hay muchísimas divisiones en la determinación de cuáles son los puntos fundamentales que hay que creer.  No se ponen de acuerdo ni en el número de los sacramentos, ni en la eternidad del infierno , ni siquiera en la divinidad de Jesucristo.[5]

Apelando a las mismas Sagradas Escrituras podemos afirmar que Jesucristo tuvo intención de fundar una Iglesia: se pone de manifiesto por la promesa de edificar la Iglesia (cf. Mt 16,18), la elección, instrucción y misión de los Doce Apóstoles (cf. Mc 3,13-19; Lc 6,12-17) y la “nueva alianza” realizada en la Última Cena (cf. Mt 26,28 y paralelos). Que Jesucristo fundó efectivamente una Iglesia y le dio una constitución y estructura determinada; la fundó sobre los apóstoles: enviándolos a predicar (Mc 3,14; Lc 9,2, etc.), con autoridad de regir en su nombre a todos los hombres y de administrar los sacramentos (Mc 16,16), particularmente el bautismo, la Eucaristía y el perdón de los pecados. Además prometió y efectivamente dio a un solo apóstol, Simón Pedro, la autoridad suprema para regir a la Iglesia Universal (cf. Mt 16; Jn 21). Nuestro Señor instituyó esa Iglesia con voluntad de que perdurase hasta el fin del mundo y manteniendo la forma jerárquica con que la dotó en los tiempos apostólicos; esto se ve claramente en el hecho de ordenar a los apóstoles tener perpetuos sucesores en el triple oficio de enseñar, santificar y regir; lo cual, a su vez, se desprende de las promesas de Cristo sobre su Iglesia: las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16), las parábolas del trigo y la cizaña (cf. Mt 13,39), el encargo a Pedro de confirmar a sus hermanos en el futuro (cf. Lc 22,31). Evidentemente Jesús está refiriéndose a tiempos en que sus apóstoles ya no estarían vivos; por tanto sólo pueden perdurar en sus sucesores. Esta sucesión se verifica en los obispos, sucesores de los apóstoles, y en el Papa, sucesor del Apóstol Pedro.

Pero vamos, como hemos dicho, la Iglesia de Cristo no fue constituida como una Iglesia bíblica, el canon bíblico se estableció en un concilio siglos después (evidentemente por la única Iglesia cristiana que existía en el momento: la Iglesia Católica). Hagamos uso de algunos documentos históricos que tenemos a la mano, por ejemplo, el Edicto de Milan (313 d.c):

“Cuando yo, Constantino Augusto, al igual que yo, Licinio Augusto, afortunadamente nos reunimos cerca de Milán, [···] para que podamos conceder a los Cristianos y a otros, completa autoridad para observar esa religión que cada quien prefirió…Y así por éste consejo entero y la provisión más honrada, pensamos en coordinar que a nadie y de ninguna manera se le debe negar la oportunidad de dar su corazón a la observanza de la religión Cristiana, [···] ahora a cualquiera que quiera observar la religión Cristiana puede hacerlo libre y abiertamente, sin ser molestado. [···] en el caso de los Cristianos, estimamos de lo mejor que si sucede de aquí en adelante que alguien ha comprado de nuestra propiedad de cualesquiera otra persona, esos lugares en donde previamente se acostumbraban reunir, [···] deberán ser reivindicados a los Cristianos sin el pago o cualquier demanda de recompensa [···] Todas éstas propiedades deben ser entregadas inmediatamente a la comunidad de los Cristianos [···] estos Cristianos como es conocido habían poseído no solamente esos lugares en los cuales estaban acostumbrados a reunirse, sino también otras propiedades [···] por supuesto, que los arreglos antedichos sean seguidos para que los que devuelvan aquello sin pago, como hemos dicho, puedan esperar una indemnización de nuestra generosidad. [···]

¿Menciona en alguna parte el tema fundacional? Pues no, la intervención del emperador romano no es fundacional por ningún lado, es simplemente un reconocimiento político. Por otro lado, una prueba importante de que Constantino no fundó la Iglesia Católica lo tenemos en el Edicto de Tesalónica (380 d.c.) donde Constantino mas bien afirma que la Iglesia Católica viene en sucesión desde Pedro:

Edicto de los emperadores Graciano, Valentiniano (II) y Teodosio Augusto, al pueblo de la ciudad de Constantinopla.

«Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la administración de nuestra clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los romanos, que hasta hoy se ha predicado como la predicó él mismo, y que es evidente que profesan el pontífice Dámaso y el obispo de Alejandría, Pedro, hombre de santidad apostólica. Esto es, según la doctrina apostólica y la doctrina evangélica creemos en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo bajo el concepto de igual majestad y de la piadosa Trinidad. Ordenamos que tengan el nombre de cristianos católicos quienes sigan esta norma, mientras que los demás los juzgamos dementes y locos sobre los que pesará la infamia de la herejía. Sus lugares de reunión no recibirán el nombre de iglesias y serán objeto, primero de la venganza divina, y después serán castigados por nuestra propia iniciativa que adoptaremos siguiendo la voluntad celestial.» Dado el tercer día de las Kalendas de marzo en Tesalónica, en el quinto consulado de Graciano Augusto y primero de Teodosio Augusto.

Por otro lado, el hecho de que Constantino “convocara” al concilio no significa que “dirija” el concilio. Constantino convoca al concilio porque se necesitaba de muchos recursos económicos para poder traer a todos los Obispos distanciados de Asia, Africa y Europa. El Papa San Julio I, (337 – 352 d.c.) dirigió el concilio de Nicea en conjunto con los demás obispos.

En fin, este artículo no apuntó a ser  un tratado de investigación sobre el tema, es más bien una invitación a revisar al menos unas cuantas citas y un par de documentos históricos de los muchos que hay y que están a la mano, para una investigación más seria están los padres de la Iglesia, así como los documentos emitidos por las mismas autoridades civiles o historiadores ajenos al cristianismo en los que se menciona y se describe cómo era el funcionamiento de la Iglesia Cristiana (Católica) en los primeros siglos. La historia, la bibliografía, fuentes arquitectónicas, etc están de nuestro lado. La única Iglesia fundada por Nuestro Señor es la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, le duela a quien le duela.

[1] M. OSCAR CULLMANN: San Pedro, discípulo, apóstol, mártir. Ed. Delachaux et Nestlé. Pgs.154ss

[2] JUSTO COLLANTES, S.I.: La Iglesia de la Palabra, 1º, 3ª, XII, 2, a. Ed. BAC. Madrid. 1972

[3] H. PINARD DE LA BOULLAYE, S.I.: Jesús, luz del mundo, IV,3. Ed. Razón y Fe. Madrid

[4] JOSÉ Mª CIURANA: En busca de las verdades fundamentales, VI, D, c. Ed. Bosch. Barcelona.1988. Breve pero excelente libro que responde acertadamente a su título

[5] CAMILO CRIVELLI, S.I.: El mundo protestante; Sectas, XVIII, 12. Ed. Atenas. Madrid

Permitida su reproducción mencionando a Traditio Invicta

Leave a Reply