Glaria sigue con: “Figuras tan altas como Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Perucho Figueredo, Calixto García, Antonio Maceo y José Martí eran masones.”[3] O sea muchos revolucionarios cubanos si eran masones, incluyendo José Martí, quien es considerado el padre de la patria por los cubanos. Glaria explica: “…el primer complot de la independencia fue eclosionado en una logía masónica. Nuestro primer intento de redactar una constitución política para una futura nación cubana también fue hecho por masones en 1810. Su autor fue el venerable Joaquín Infante.” Glaria admite a que masones trataron de provocar la independencia de Cuba de España mucho antes de la independencia en 1898.

Por Víctor Hugo González

Durante el siglo XIX, España fue debilitada por una serie de contiendas conocidas como Las Guerras Carlistas. Estas fueron un conflicto entre el linaje viejo de la Casa de Borbón y sus partidarios, los carlistas, contra el linaje más joven. Sin embargo, aquello no se reducía a una mera afrenta entre dos ramas de una familia, lo cual desembocaría en una guerra civil, sino, además, en un enfrentamiento de ideologías. Los carlistas querían una monarquía tradicionalista en España en la cual la iglesia tendría un papel importante en la sociedad, un rey verdadero con poder tangible, y donde existirían las libertades locales (fueros). Los carlistas se consideraban eran defensores de la España tradicional. Durante la primera guerra carlista, el régimen liberal mandó partidarios carlistas a Puerto Rico y Cuba como castigo por los primeros intentos de derrocar el régimen liberal de España que llevaron a cabo. El historiador Henry Kamen escribió en su libro, Los Desheredados: “El gobierno trató de erradicar su apoyo popular deportando a los activistas [los carlistas] al Nuevo Mundo. En 1836 había alrededor de 2.200 carlistas languideciendo en Cuba, la mayoría jóvenes campesinos de las montañas de Navarra. Los prisioneros también fueron enviados a Puerto Rico. En teoría, tenían la intención de servir a un exilio de seis años para permitirles que se enfriaran, después de lo cual podrían regresar.”[1]

Antes que las mencionadas guerras comenzaran en la primera mitad del siglo XIX, España ya había perdido la mayoría de su Imperio en las Américas. Aun así, todavía tenía provincias. España aún sostenía a Cuba, Puerto Rico, las islas Filipinas, y las islas Marianas. En Cuba, el apoyo para los carlistas fue reflejado en un periódico famoso conocido como Diario de la Marina, el cual fue fundado en 1832 por Don Nicolás Rivero. Era propiedad de la misma familia (los descendientes de Don Rivero) hasta los 1950s, cuando el dictador comunista Fidel Castro cerró las publicaciones anti-comunistas. No solo fue un periódico conservador, sino también estaba en favor de carlistas. A pesar de que, más adelante, en 2015, un grupo de cubanos exiliados revivieron el periódico, la familia original ya no tiene nada que ver con el proyecto.

Existían tres movimientos políticos en Cuba durante el siglo XIX: revolucionarios, autonomistas y anexionistas. Los revolucionarios querían una república independiente, los autonomistas querían una Cuba autónoma bajo la corona española, y los anexionistas querían que Cuba sea anexada por los E.E.U.U. Los Estados Unidos ya tenía intereses en Cuba y esto fue reflejado en un documento conocido como el manifiesto de Ostende, el cual fue firmado en 1854. Este documento propuso que los estadounidenses podían ofrecer a España una suma para comprar Cuba, pero si España se negaba la oferta, los estadounidenses podían invadir a Cuba militarmente. Sobre los revolucionarios, muchos revolucionarios cubanos fueron masones y su inspiración fue masónica. Según el escritor cubano, Ariel Glaria, quien escribió Freemasonry: Mother of the Cuban Nation (Francmasonería: Madre de la Nación Cubana), la bandera cubana tiene un montón de símbolos masónicos. Glaria escriba:

“El testimonio más elocuente de la significación histórica de la francmasonería para Cuba se encuentra en nuestro símbolo más elevado, la bandera cubana, donde el ideal masónico se expresa concretamente en el triángulo masónico y rojo colocado sobre las tres franjas azules y dos blancas, un símbolo que selló la conexión íntima entre la independencia cubana y la francmasonería para la eternidad. Menos notable evidencia de esta conexión se encuentra en los nombres de algunas calles de La Habana, como Amistad, Concordia y Virtudes.”[2]

Glaria sigue con: “Figuras tan altas como Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Perucho Figueredo, Calixto García, Antonio Maceo y José Martí eran masones.”[3] O sea muchos revolucionarios cubanos si eran masones, incluyendo José Martí, quien es considerado el padre de la patria por los cubanos. Glaria explica: “…el primer complot de la independencia fue eclosionado en una logía masónica. Nuestro primer intento de redactar una constitución política para una futura nación cubana también fue hecho por masones en 1810. Su autor fue el venerable Joaquín Infante.”[4] Glaria admite a que masones trataron de provocar la independencia de Cuba de España mucho antes de la independencia en 1898.

Durante los 1890s, hubo una intensa campaña  por la cadena de periódicos de Hearst para persuadir a la opinión pública estadounidense de que los cubanos fueron oprimidos bajo un “yugo” español. Llegó a hablarse de guerra para “liberar” a los cubanos, aunque el presidente de ese entonces Cleveland parecía no desearlo. En 1897, un año antes de la guerra hispano-estadounidense, el régimen liberal de España bajo el primer ministro Práxedes Sagasta, dio a Cuba su estatus autónoma. Sin embargo, se envió el acorazado “Maine” a La Habana, supuestamente para proteger los intereses de los residentes estadounidenses en Cuba. Pero en 1898, el acorazado explotó sin causa aparente, e inmediatamente los estadounidenses acusaron a España por la explosión. España pidió que se recurriera a un arbitraje internacional, sin embargo el presidente estadounidense William McKinley declaró la guerra contra España. Alrededor de 80 años después de esta guerra, un almirante estadounidense, Hyman George Rickover, explicó en su obra, “Cómo fue destruído el acorazado Maine,” que no existe evidencia de que una mina española hundió el acorazado. Él dijo que el Maine explotó accidentalmente debido a una explosión interna, aunque las dos investigaciones originales reclamaron que fue debido a una mina española. Aunque ya se sabe que España no tuvo nada que ver con esa explosión, esa guerra entre el E.E.U.U. y España fue provocada debido a este evento.

En 1898, durante la guerra, para los Estados Unidos, fue fácil destruir a la anticuada flota española y desembarcar alrededor de 15.000 hombres. Mientras que esto ocurría en Cuba, Puerto Rico fue capturada por los estadounidenses  y el E.E.U.U. nombró un gobernador. Después, los estadounidenses se apoderaron de la Islas Filipinas. El E.E.U.U. ganó la guerra contra España, y como resultado, España perdió sus territorios. Cuba se independiza de España, y los Estados Unidos ocuparán Guam, Puerto Rico, y las islas Filipinas. Después de que Cuba se independizó, EEUU forzó a los cubanos agregar el enmienda Platt en la constitución cubana para servir los intereses estadounidenses. Este enmienda prohibió a Cuba de hacer tratados con otras naciones, dio el poder a E.E.U.U. para crear bases navales en Cuba, hizo a Cuba a mantener su deuda baja, y dio el derecho a E.E.U.U. para intervenir en Cuba durante cualquier momento. Con esta “independencia,” instigado por masones, parece que Cuba fue separado de España para solo servir intereses geopolíticas del E.E.U.U. en el nombre de “liberar” Cuba. Irónicamente, la guerra fue supuestamente porque España era una nación “opresora” y los cubanos estaban bajo el “yugo” español, pero el E.E.U.U. termino controlando no solo Cuba, sino Puerto Rico, las islas Filipinas y Guam. Hasta Hawai fue anexado por el E.E.U.U en ese mismo año de 1898. ¿Fue realmente una guerra por la liberación de Cuba o una guerra por intereses geopolíticas? ¿Cuba fue realmente libre o parte de otro poder mundial?

Referencias:

[1] Los Desheredados: El exilio y la creación de la cultura española, 1492-1975 por Henry Kamen, página 212.

[2] Francmasonería: Madre de la Nación Cubana, por Ariel Glaria. Disponible en: http://www.havanatimes.org/?p=106910

[3] Ibídem

[4] Ibídem

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