Satanás, el primer revolucionario que se levantó con su non serviam contra el orden establecido por Dios, continúa engañando a más y más católicos haciéndoles pensar que pueden combatir a la Revolución con métodos revolucionarios. Hoy toca hablar de los identitarios, los libertarios y la Alt-Right.

Como es bien sabido, la pérfida Revolución, con R mayúscula, encuentra su causa más profunda en una explosión de orgullo y sensualidad, inspirando así una cadena de sistemas ideológicos que, después de haberse infiltrado y enquistado en el corazón de la civilización cristiana dio lugar a las grandes revoluciones históricas: revolución protestante, revolución francesa y revolución comunista. De estas brota con fuerza la llamada revolución cultural. Así es nota común en todas las revoluciones el igualitarismo, nacido del orgullo y entendido como odio a toda superioridad, y el liberalismo, nacido de la sensualidad que se revela contra toda autoridad. Con tristeza vemos cómo, a lo largo de los siglos, muchos católicos se han dejado arrastrar por los tentáculos de la revolución, llegando al punto de confundir como cosa buena los métodos revolucionarios anticristianos. Estamos viviendo tiempos de confusión, tiempos en los que urge abrazar con mayor fuerza la doctrina católica de siempre.

En su obra “La Royauté du Christ et le Naturalisme organicé” el reverendo Padre Denis Fahey, c. s. s., lo indica oportunamente: “Los católicos sucumben bajo las maquinaciones de los enemigos de Nuestro Señor, porque no están formados para el verdadero combate de este mundo. Salen de la escuela sin un conocimiento adecuado de la oposición organizada que deberán encontrar y no tienen más que nociones muy vagas sobre los puntos de organización social que deben defender, porque están verdaderamente atacados. No se dan cuenta que la finalidad suprema de la oposición es el derrumbamiento del orden cristiano. No están acostumbrados a pensar que deben unirse, ante todo, con otros católicos para promover la causa de nuestro Señor… Manifiestan de esta forma una carencia de cohesión lamentable y un entusiasmo de una debilidad detestable para con los intereses de Jesucristo, de tal suerte que los católicos que militan realmente por una verdadera cristiandad están siempre seguros de encontrar otros católicos en el campo opuesto.”

En medio de la revolución cultural que ataca con furia desmesurada a lo que queda de orden social cristiano, nos hemos visto, los católicos militantes, en la necesidad de unir fuerzas con los hijos de la primera revolución, entre otras “alianzas” ¿Por qué? Porque lo descrito por el reverendo Padre Denis Fahey se da hoy en día en proporciones jamás antes vistas, los católicos confundidos son cada vez más, encontramos incluso cardenales que se ponen del lado de enemigos de la vida y la familia. Para defender estos bienes, llamados no negociables por la doctrina católica, muchas veces hemos tenido que responder codo a codo con los protestantes ya que, por más que han heredado el liberalismo religioso y el igualitarismo eclesiástico, aún mantienen, mal que bien, la moral cristiana. Este tipo de alianzas y la falta de formación por parte de los prelados que no enseñan a los laicos a vivir en el mundo, han generado una suerte de confusión general en los católicos respecto al cómo responder ante estas nuevas amenazas; gira en las cabezas de muchos la idea de que para atacar a la revolución cultural (que ni siquiera conocen bien) es posible usar métodos revolucionarios y por tanto dar cabida a revolucionarios para que combatan nuestros combates. No vamos a detenernos en este fenómeno, nos limitaremos a señalar las falencias de algunas de las corrientes o pensamientos que han aparecido recientemente y que conquistan cada vez más jóvenes pensando equivocadamente que son la respuesta al progresismo.

Después del desastre económico del capitalismo, en el cada vez más amplio espectro político, hace su aparición la autodenominada “disidencia”; tan novedosas y volátiles son algunas de estas propuestas que aparecen y desaparecen con una brevedad increíble, pero más increíble aún es la cantidad de jovenzuelos que llegan a captar, todo gracias a la magia de las redes sociales. La tendencia novedosa llega incluso a formar grupos de personas que a veces tienen muy pocas cosas en común, son muy variables en puntos fundamentales o de plano son posturas contrarias, sin embargo dicen estar en contra del establishment y defender la cultura occidental; en la mayoría de los casos cada uno tiene una idea muy distinta de lo que es la cultura occidental o incluso de lo que es el establishment, pero les basta saberse enemigos declarados de estas palabritas para unirse supuestamente para hacerles frente.

Es triste ver cómo la sociedad progresista y revolucionaria llama a todos sus contrarios fascistas y nazis de forma indiferenciada, como si ambas cosas fuesen lo mismo; incluso a los católicos que defendemos la cristiandad no terminan por llamar así. Pero más triste que esto es ver cómo los jóvenes ilusos creen que efectivamente el fascismo o el nacional socialismo es lo contrario al progresismo. Es así que en estos grupos de pensamiento y corrientes novedosas podemos encontrar jovenzuelos que se hacen llamar a sí mismos nazis, pero de nacional socialismo no conocen más que un par de videos de YouTube. Como dije ya antes, son tiempos de confusión y lo triste versa en que no son jóvenes malos, son jóvenes muy aprovechables para la causa católica contra-revolucionaria por su militancia, pero lamentablemente se han dejado engañar por la misma revolución a la que quieren enfrentar, solo que en propuestas que mutan a una velocidad increíble y que a veces no existe más allá de las redes. Este es un fenómeno que vale la pena tratar en otro momento ¿Qué tanto podría repercutir en la realidad una estrategia orquestada desde un teclado? ¿Cuál es el lugar de la acción política real, de carne y hueso, en estos mundillos cibernéticos? Por el momento solo nos limitaremos a hacer un análisis de forma sucinta sobre estos pensamientos y los riesgos que tomaría cualquier católico que tan siquiera se atreva a coquetear con ellos por más que se excusen pragmatismos o posibilismos, como si estas posturas pudiesen ser formas transitorias que devengan en una sociedad según lo exige la Iglesia en su doctrina social.

Identitarismo

No falta el joven católico que, después de haber escuchado algo del español Josep Anglada o de la francesa Marinne Le Pen, tachados como ultra-derechas por lo progresistas, han terminado por verlos con buenos ojos, primero porque los progresistas los atacan y segundo porque algunas de sus propuestas respecto a inmigrantes, al socialismo, a la cultura occidental, etc. parecen buenas, y como se hacen llamar identitarios, entonces el identitarismo es bueno.

Vamos a ver, el identitarismo surge en Francia en el contexto de la llamada “nouvelle droite”, nueva derecha, allá por 1970. Se vio influenciada no solo por la posmoderna Nouvelle Droite de Pauwels y de Alain de Benoist, sino también del radical anticristianismo iniciático masón de Guénon y de las pretenciosas elucubraciones esotéricas de Giulio (alias “Julius”) Evola. Estos nombres por sí solos bastan para tomar distancia del identitarismo, resalta en estas posturas un europeísmo racista neopagano y anticristiano, herederos de la llamada Revolución Conservadora (sí, otra palabrita para tomar distancia), en donde se repudia todo aquello de carácter dogmático al más puro estilo liberal, aunque no se hagan llamar así y más bien se presenten como contrarios al capitalismo y al comunismo (entenderá el lector que el liberalismo condenado por la Iglesia no es una cuestión meramente económica). Se coloca por encima de todo los particularismo étnicos y regionales, así como los valores espirituales sobre los materiales de forma esotérica, se racionaliza la técnica. Se hacen llamar “antiigualitarios” pero porque identifican al cristianismo como elemento igualitarista que no permite una Europa con identidad específica (racial). Si bien es cierto la Revolución Conservadora era un movimiento independiente del nacional socialismo es evidente para todo el que lea a Oswald Spengler, Ernst Jünger, Carl Schmitt y Moeller van den Bruck, que la conexión filosófica e ideológica es innegable. La nueva derecha se encargaba de recuperar los pensamientos de estos autores así como los de Martin Heidegger, Arnold Gehlen y Konrad Lorenz entre otros. Así, mediante una curiosa fórmula retrospectiva se vuelve a los orígenes teóricos del conservadurismo revolucionario pero intentando no caer en la tentación del totalitarismo, es decir, es un nacionalsocialismo renovado y más ligth, por decirlo de alguna manera, pero más pagano y anticristiano. Algunas veces los defensores de la Nueva Derecha se han hecho llamar tradicionalistas pero no son más que romanticistas completamente contrario al tradicionalismo católico contra-revolucionario por excelencia y relacionado al nacionalismo liberal de siempre solo que más romántica, decorado con regionalismo y tribalismos populistas, cuya cereza en este pastel envenenado es la nostalgia medieval. De allí que, entre los indentitaristas o filo-identitaristas[1], abunden los amantes de una edad media sin cristianismo, un romanticismo en el que pueden gritar de forma gratuita el famoso Deus vult del Papa Urbano II y a la vez revolcarse en borracheras y excesos nada católicos. Es muy común ver en el identitarismo gente haciéndose pasar por cristianos. Algunas veces lo encontramos inmerso en lo que llaman meta-política, término que es igual o más confuso y ambiguo, porque estas corrientes a veces se consideran continuadoras del tradicionalismo real, al que ven trasnochado e inaplicable en la sociedad de hoy, por eso, muchos de estos entusiastas optan por formar “centros de estudios” con algún tipo de orientación ideológica marcada de forma más o menos evidente ante la opinión pública, que en algunos ámbitos se conoce como Think tank, pero vamos, casi siempre es más de lo mismo.

Libertarismo

También conocido como anarcocapitalismo, en realidad no es una propuesta tan novedosa. Si somos estrictos con el término podemos remontarnos a los orígenes del liberalismo, sin embargo, con cierta particularidad ha venido a sonar con fuerza en las redes desde hace algunos años y casi siempre de forma confusa, propio, como ya hemos dicho, de este tipo de mutaciones ideológicas modernas.

Como ya se mencionó esta palabra está relacionada en su origen al anarquismo; fueron los anarquistas quienes acuñaron el término movimiento libertario para referirse de forma general y ambigua a todos los colectivos e individuos que forman parte del movimiento social anarquista[2]. Recién en 1950 fue que el término libertario empezó a usarse con el sentido de individualista-capitalista, aunque en EEUU ya se usaba libertarian desde el siglo XIX como sinónimo de individualismo filosófico y recién en 1940 pasa a ser individualista propietarista porque Leonard Read se hizo llamar así en contraste con el liberal clásico. El término se popularizó en 1970 con Murray N. Rothbard y su Manifiesto Libertario entre otros, cuando ya se identifica plenamente con la filosofía individualista que apoya la libertad individual en lo social y la propiedad privada en lo económico. Por eso se dice, hoy en día, que el libertarismo no es más que un liberalismo radical, un individualismo absoluto, que, sin embargo y dada la relación Estado-Mercado desde el nacimiento y triunfo del propio liberalismo, se desentiende de esta inseparable alianza y busca la desaparición del Estado para sustituirla por una especie de sociedad ultracapitalista (de allí su nombre como anarcocapitalismo).

Ante esto uno podría pensar que no vale la pena tratar de este asunto ¿Cómo podría confundir a un joven católico una postura así? Lamentablemente, dentro del libertarismo, encontramos bastantes familias que sostienen una suerte de libertarismo conservador, que algunos llaman paleolibertarismo, que curiosamente llega a la conclusión de que la sociedad tradicional fue la más libre, sí, aunque usted no lo crea. Y aún más, al ser conservadores no ven como algo malo una sociedad religiosa y jerárquica por lo que suelen sentirse más o menos atraídos, o incluso identificados, con las formas sociopolíticas de la Cristiandad ¿Cómo han llegado a tal postura? Pues es complicado, pero si tenemos en cuenta que es una filosofía política que afirma la vigencia suprema de la libertad individual, es decir, el derecho del individuo sobre sí mismo, cuyo límite no es otro que el derecho ajeno, y le añadimos que el Antiguo Régimen no tenía Estado, se entiende el por qué llegan a la conclusión de que el Antiguo Régimen era una suerte de sociedad capitalista nacida antes del capitalismo. Esto es un error, la verdad es que la propia sociedad estamental, los cuerpos intermedios y la catolicidad del Antiguo Régimen que castigaba la usura, impedían el florecimiento de este capitalismo sin Estado. Probablemente estas personas desconozcan que el Antiguo Régimen castigaba al judaizante por avaro (que la doctrina católica condena como pecado), promovía el gremialismo, entre otra serie de aduanas y frenos que la sociedad tradicional establecía y que impedían el nacimiento del capitalismo.

Podemos decir entonces, que el libertarismo, por más que se diga “paleolibertario” no tiene nada que ver con el tradicionalismo católico que es profundamente social y comunitario, en absoluto individualista.

Alt Right o Derecha Alternativa

Es la última y más reciente tendencia política (si se le puede llamar así), al menos en comparación con las otras dos anteriores. Es bien conocido por todos que saltó a la fama con la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses, sin embargo, el hecho de que sea super conocido por todos no significa que todos sepan lo que es, de hecho podríamos decir que, hoy por hoy, es la tendencia política más amplia y heterodoxa que podríamos encontrar ¿Por qué? Por la cantidad y diversidad de tendencias que engloba, tiene elementos de los dos pensamientos políticos anteriores, del identitarismo y del libertarismo, pero sus principales banderas de enganche son el apoyo que han brindado a la candidatura de Trump, a veces adjudicándose su victoria, mediante el típico discurso ya mencionado, ese que dice estar en contra de la globalización y del establishment, del nuevo orden mundial. Suena muy conspiranoico eso último pero a veces tienen algo de razón, otras veces sí, son conspiranoicos.

Casi se puede reducir a una cuestión propagandística, un sapo horrible de corte esotérico que solo sirve para hacer memes, un lenguaje vulgar supuestamente reaccionario, actitud confrontacional sin más, en fin, lo cierto es que es una línea muy difícil de definir, pero se pueden destacar algunas características resaltantes. En algunas ocasiones vamos a encontrar un mensaje notoriamente racista, a veces de corte darwinista, a veces de corte supremacista. Por otro lado, no pocas veces, encontraremos una especie de capitalismo de Estado, esto porque pueden estar en contra de la globalización pero no necesariamente en contra del sistema capitalista en general, por allí como que terminan simpatizando con posturas libertarias. También podemos encontrar en algunas ocasiones cierta anglofilia por parte de las personas que se adhieren a la derecha alternativa, empezando porque se denominan Alt-Right ¿Los hispanoparlantes también? Sí, sobre todo ellos, les encanta insertar barbarismos anglicistas en el hermoso idioma castellano.

Curiosamente, en la España Ibérica esta tendencia la hemos visto apoyada por personas procedentes de la derecha liberal clásica, a su vez por antiguos nacionalsocialistas y evidentemente por enfermizos racistas que han visto en la derecha alternativa un caldo de cultivo para extender sus enrevesadas y ridículas teorías. Y es que en la Derecha Alternativa, que aún sigue desarrollándose, puede entrar casi de todo, dependiendo de quién encabece el grupo sobresaldrá una u otra característica, por eso resulta difícil establecer su línea de pensamiento; es tan confuso el tema que, por poner un ejemplo, brotan de entre ellos y los paleolibertarios los autodenominados “neorreaccionarios”, sabrá Dios lo que son, solo podemos decir que es uno de tantos brotes que solo sirven para confundir más a los incautos que viven enredados en un mar de etiquetas y definiciones políticas.

El ideal católico es la restauración de la Civilización Cristiana

Coronación de Carlo Magno por el Papa León III

Los católicos no podemos caer en la trampa de ver en estas nuevas ideologías y corrientes políticas algún tipo de atajo al mal menor para la restauración de la civilización cristiana. Dejémonos de experimentos ridículos que a nada conducen y centrémonos en aplicar la doctrina social y política de la Iglesia forjada por casi dos mil años sin contaminaciones ni pactos que suponen el abandono del ideal católico de un orden social cristiano, hagamos lo que siempre la Iglesia ha pedido al respecto, seamos auténticos contra-revolucionarios; como diría el Papa san Pio X en la carta sobre los errores de «Le Sillon» (Notre charge apostolique):

«… no se edificará la ciudad de un modo distinto a como Dios la ha edificado; … no, la civilización no está por inventar, ni la nueva ciudad por construir en las nubes. Ha existido, existe: es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla, sin cesar, sobre sus fundamentos naturales y divinos, contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad: omnia instaurare in Christo».

[1] Neologismo personal. Persona que expresa cierta admiración por el identitarismo.

[2] Anarquistas. Un siglo de movimiento libertario en España, de Dolors Marin.

Artículo inspirado de Carlismo Galicia

4 Comments

¿Identitarismo, libertarismo y Alt Right? no gracias, soy católico

    1. ¿Goyim? prefiero llamarme católico, no uso palabras transliteradas que en este caso significaría la no pertenencia al judaísmo. Llamarme católico mas bien es expresar mi pertenencia a la Única Iglesia querida por el verdadero y único Dios que ostenta la plenitud de la Revelación. Mi postura respecto a los judíos es la misma que la que han sostenido todos los Padres de la Iglesia. Sobre los “shekels”… mejor delo como limosna a los más necesitados. Saludos.

  1. A SAMUEL J. SOLDEVILLA BURGA:

    Al respecto de: Juan Manuel de Rosas, José Antonio Primo de Rivera, Corneliu Zelea Codreanu, y León Joseph Marie Ignace Degrelle (solo por nombrar algunos), ¿Alguna opinión en relación a los mismos?.

  2. Como muchos otros autores tienen elementos rescatables y muy valiosos, sobre todo José Antonio Primo de Rivera. Cuando digo rescatables me refiero a ideas que ayudan a sostener la elaboración de una propuesta corporativista cristiana acorde a la doctrina social y política de la Iglesia.

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