Por Riccardo CascioliNuova Bussola Quotidiana. 21 de marzo de 2018.

La publicación de la carta íntegra de Benedicto XVI y su contenido fuertemente controversial, exige que sea publicada también la carta original al papa emérito por parte de monseñor Viganò. Quien ha tenido que expedir posteriormente una carta de renuncia. (Ver aquí)

Sin embargo, he aquí dos breves observaciones:

  1. Por cuanto sea correcto que mons. Viganò responda en primera persona cuanto ha sucedido en esta ocasión, la historia debería inducir a reflexionar sobre el sistema de comunicación de este pontificado, sobretodo acerca de esa Corte donde abundan portavoces e intérpretes de oficio del pensamiento del papa Francisco. Juntos han creado la imagen falsa del Papa súper héroe, del hombre que combate él solo a toda la Iglesia que se le opone, se han reído y se han burlado de todos aquellos que simplemente han intentado expresar su perplejidad o preguntas sobre algunos aspectos del Pontificado. Comienza alguno ahora a desmarcarse, habiendo comprendido el efecto búmeran de la «operación Benedicto XVI», pero son tantos los corresponsables de la creación de una imagen distorsionada de la Iglesia y del papel del Papa.
  2. Hay todavía alguno que ante la gravedad de este escándalo, busca minimizar para poder poner el acento sobre el hecho de que Benedicto XVI ha hablado en su carta de continuidad entre su pontificado y aquel de Francisco. Pero aparte, el hecho que se necesitaría comprender es ¿qué se debe entender por «continuidad interior»? (así está escrito en la carta del papa emérito) dado que difícilmente puede definirse así una continuidad en el Magisterio, la cuestión es sobre los contenidos. ¿Cómo puede sostenerse la continuidad cuando, a ser explicado por Francisco, se llama a teólogos que atribuyen al pontificado actual el valor de una nueva Iglesia, que hablan de “nuevos paradigmas” y “cambios antropológicos” atacando o degradando las enseñanzas de Juan Pablo II y de Benedicto XVI? Y la cuestión no se refiere solamente a los “volúmenes” de la «operación Benedicto XVI». Es desde hace tiempo una operación sistemática de desmantelamiento del Magisterio de los papas anteriores, de la liturgia a la moral, de los Sacramentos a la Doctrina social. Salvo buscar después el “usar” forzadamente a los pontífices anteriores para legitimar los cambios actuales. El «escándalo Viganò», con toda su torpeza, es sólo la punta del iceberg.

Comentario de la Redacción.

Marco Tosatti en su blog ‘Stilum Curiae’ hace unos días escribió también al respecto sobre la manipulación de la carta de Benedicto, no sólo por parte de mons. Viganò, sino por grupos detractores de Benedicto XVI que están fuera de la comunión con la Iglesia y que se han empeñado en darle a la carta el mismo sentido que quiso darle mons. Viganò, un sentido que finalmente resultó no solo ser falso, sino diametralmente opuesto:

“[El supuesto respaldo de Benedicto XVI al Papa Francisco] es tragado, anzuelo, cebo y sedal, por todos: tanto músicos de corte y colegas, que se gastan en columnas y columnas de comentarios, sobre cómosiempre son los mismos horribles y malintencionados en decir que en la práctica, entre el reinado de Benedicto XVI y aquel de Francisco, “hay solo una diferencia de nacionalidad”, y qué horribles y malintencionados rígidos que apoyan lo contrario y al Papa.

Por caridad cristiana no decimos nombres ni enlaces…”, dice Marco Tosatti.

Categories: Iglesia

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