Hace casi un siglo que las necesidades en la Guerra del Rif en Marruecos fomentaron la creación de este cuerpo del Ejército de Tierra español basándose en la Legión Extranjera francesa y en el código bushido de los samuráis japoneses.

Miembros de la unidad portando el Cristo de la Buena Muerte en la Semana Santa de Málaga / EFE.
Miembros de la unidad portando el Cristo de la Buena Muerte en la Semana Santa de Málaga / EFE.

Cientos de batallas, cientos de misiones, miles de muertos por el mundo entero. La Legión Española –conocida como ‘La Legión’, a secas, como corresponde al laconismo militar- cumple 97 años con un expediente único e irrepetible cuya fama se hace más grande con el tiempo.

Cuando hay problemas son los primeros en ir y en morir. Irak, Líbano, Afganistán, Mali, Ceuta o Melilla son algunos de los lugares donde están presentes.

Amada por sus compatriotas y odiada por el enemigo, es una de las unidades militares más valoradas por la sociedad española. Suelen estar presentes en actos públicos, los cuales sin ellos muchos perderían su esencia.

Ejemplo de esto es la Semana Santa malagueña donde desfila el paso del Cristo de la Buena Muerte, de la Cofradía de Mena, que fascina a miles de personas.

Su valentía no solo se mide en el campo de batalla, sino en el establecimiento de la paz y de la asistencia humanitaria cuando la situación lo requiere. Tiene en su haber, por todas sus misiones de uno u otro signo, siete cruces laureadas de San Fernando colectivas, 22 medallas militares colectivas, cruz de guerra francesa con palma de oro, 22 cruces laureadas individuales y 211 medallas militares individuales.

Desde el año 1992 ha participado en misiones en el exterior: Bosnia y Herzegovina, Albania, Kosovo, Macedonia, Irak, Afganistán, R.D del Congo, Líbano y Malí

De Marruecos al mundo entero

Año 1920. Centenares de jóvenes españoles perdían la vida en la guerra contra Marruecos mientras los reemplazos no servían para rebajar la tensión. La Opinión Pública, harta de una guerra que pocos entendían, no auguraba buenos vientos para el poder político del momento.

Era necesaria una solución que pusiera fin al derramamiento de sangre e insuflara nuevos ánimos tanto a militares como civiles.

Ahí entra en juego el Teniente Coronel D. José Millán-Astray y Terreros, “un militar excepcional, de gran preparación profesional y con reconocida capacidad y experiencia, diplomado de Estado Mayor, y combatiente en Filipinas y Marruecos” como escribe el General de División retirado Francisco Javier Zorzo Ferrer en el artículo del Blog del General Dávila.

Los requisitos para alistarse: espíritu de combate y no tener miedo a la muerte

El 28 de enero de 1920, por Real Decreto, el Rey Alfonso XIII ordenaba la creación de la unidad de choque con la denominación de “Tercio de Extranjeros”, en clara referencia a la Legión Francesa.

Escudo de armas de La Legión.
El ministro de la Guerra y Vizconde de Eza, José Villalba, mandó a Millán-Astray que llevara a cabo la organización y el reclutamiento de voluntarios que cumplieran con los requisitos fundamentales: tener un espíritu de combate al estilo de los Tercios Españoles de Italia y Flandes, que extendieron el poder español por toda Europa, y no temer a la muerte.

Casi diez meses después, a principios de octubre de 1920, llegaba a Ceuta la primera expedición, el Banderín de Enganche de Barcelona. Cita el General de División a Millán-Astray quien reconoció que “habíamos sufrido un error de cálculo al pensar en los hombres que se habían de presentar. Creíamos que vendrían poco a poco, no pensamos en la explosión y fue que en tres días se habían reunido cuatrocientos”.

En ese mismo barco también se incorporó el entonces comandante Franco, que sería Segundo Jefe del Tercio, llegando a mandarlo posteriormente. Ambos labraron en La Legión una amistad que les duraría toda la vida.

Astray (drch.) junto a Francisco Franco y otros legionarios entonando el himno de la unidad.
Astray (drch.) junto a Francisco Franco y otros legionarios entonando el himno de la unidad.
Tal era el amor y el respeto que se profesaban que, sabiéndose Astray a punto de morir una noche, hizo que llamaran a Franco con la intención de pedirle permiso –como Generalísimo de los Ejércitos- para pasar a mejor vida.

Franco, atónito, se lo dio y el creador de La Legión moría pocas horas después en paz. Genio y figura hasta el final.

Millán-Astray, el medio hombre contra viento y marea

El teniente coronel Millán-Astray fue el responsable de la organización de la unidad y de su puesta en marcha. Los dos pilares fueron la Legión Francesa como modelo organizativo y el código bushido japonés como catecismo moral de la tropa.

Fuerza de choque sin miedo a morir con espíritu estoico. Cóctel explosivo que desde el primer momento ha servido para hacer de La Legión lo que es hoy en día, uno de los cuerpos más valorados por militares y ciudadanos.

Credo legionario: “La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde”

Astray es el responsable de dotar a la unidad de esa mística que la hace tan fascinante. Como reza el Espíritu de la Muerte de su Credo: “el morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde”. Una moral políticamente incorrecta pero atemporal y gloriosa.

 

Fuente Actuall

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